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Este blog contiene mis últimas columnas de opinión en diferentes medios, una base de datos con diferentes trabajos que he realizado, papers, investigaciones y trabajos. En estos momentos también me encuentro organizando el Seminario Matriz Energética Chile 2011. Los invito a sumarse a esta importante iniciativa.Temas
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Las peculiaridades del “desarrollo” energético chileno
Noviembre está siendo pródigo en noticias energéticas. Hace pocos días la Comisión Ciudadana Técnico Parlamentaria presentó un conjunto de propuesta para enfrentar buena parte de los desafíos eléctricos del país adelantándose al informe oficial que será publicado por la paralela … Continue reading
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Un par de reflexiones sobre el intringulis del sector eléctrico chileno
Un par de reflexiones respecto al intríngulis eléctrico en Chile
Miguel Márquez
energiainteligente
El Chile eléctrico es fiel reflejo del Chile actual en donde el abuso, la desigualdad y crecientemente la incertidumbre, campean.
En efecto, ciertas singularidades destacables del “desarrollo” eléctrico permiten afirmar que se ha llegado a límites insoportables para el usuario/rehén, para el país y el medio ambiente. Y la clase política, buena parte de ella, Alianza y Concertación unidas, no saben, no escuchan, ni ven. Listo un par de las peculiaridades destacables del sector eléctrico “nacional” luego de un poco más de 20 años de privatización.
El sostenido aumento de tarifas en los últimos años, que supera el 100% sólo en 4 años penaliza los presupuestos familiares, las Pymes y el medio ambiente. Paralelamente, aumentan impúdicamente las rentabilidades de las empresas eléctricas.
El “secreto” del por qué los chilenos pagan más por sus kilowatts y somos menos competitivos que el resto de América Latina (Piñera dixit) está a la vista: reglas del juego que garantizan a las eléctricas rentabilidades extraordinarias y tarifas permanente y sostenidamente al alza. En ese contexto, la carretera pública, aparentemente propuesta maestra del gobierno actual, sólo tiene de pública nuestros bolsillos y así consolidar un modelo inequitativo y poco eficiente.El “secreto” del por qué los chilenos pagan más por sus kilowatts y somos menos competitivos que el resto de América Latina (Piñera dixit) está a la vista: reglas del juego que garantizan a las eléctricas rentabilidades extraordinarias y tarifas permanente y sostenidamente al alza. En ese contexto, la carretera pública, aparentemente propuesta maestra del gobierno actual, sólo tiene de pública nuestros bolsillos y así consolidar un modelo inequitativo y poco eficiente. Mala idea. Cualquier medida técnica en el contexto del modelo actual sin que operen cambios estructurales a las reglas del juego y el rol de los actores e inclusión de la ciudadanía, está condenada al fracaso. Da la impresión que esta vez no se trata de vender el sillón de don Otto sino de comprar uno más grande.
Pese a las evidentes inequidades que resultan del peculiar evolucionar del sector eléctrico, las opiniones y supuestas formas de arreglo de un mercado eléctrico inequitativo e ineficiente son encargadas a los mismos de siempre –o casi– “expertos” que sostienen desde su más tierna infancia académica, empresarial (eléctrica) o consultora (de eléctricas por supuesto), que el modelo marginalista es lo mejor para este país. Aquellos que insisten en pedirles recetas de política pública y eléctrica a aquellos que comparten la misma matriz ideológica por lo demás, me hace pensar que los primeros (gobiernos, políticos, y algunos medios) o tienen afectado el sentido de la realidad (lo que puede ser, viendo la gravedad de la crisis la educación y la falta de respuestas y decisiones) o son y han sido cómplices de políticas públicas equivocadas por decir lo menos. Cabe una tercera posibilidad, menos pulcra eso si: que sean adictos a la lógica del “más vendo más gano” propia del sector eléctrico y en esa dinámica y contexto, tocar algo, legítimamente, de los resultados.
Seguridad de suministro, competitividad, acceso a la energía a precios razonables, exige una mirada del tema eléctrico y energético en general, más democrática, menos ideologizada y de amplitud de miras desde el punto de vista de la opciones tecnológicas pero exige sobre todo cambiar el más vendo más gano de los HidroAysén, de los Copec, los Barrancones, los Isla Riesco, por el mejor usamos la energía más ganamos todos.
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Marco y su propuesta para la nacionalización del agua
“Danos hoy el agua de cada día” (Luis Infanti, Obispo de Aysén)
Sólo el 0.5% del toda el agua existente en el mundo es potable, por consiguiente, útil para la vida humana, el resto es agua salada y proveniente de glaciares. Se sostiene, con razón, que las próximas guerras serán por la posesión del agua que, siutícamente, algunos llaman “el oro azul”. El calentamiento global ha hecho retroceder a los glaciares limitando, aún más, la poca masa de agua disponible.
El agua es un negocio muy lucrativo, aprovechado, incluso, por empresas embotelladoras para obtener grandes utilidades en base a supuestas aguas medicinales.
El agua no pertenece a los chilenos: el Código de Aguas, impuesto por Augusto Pinochet, en 1981, no define este recurso como un bien perteneciente a toda la Nación, sino como un producto económico, transable en el mercado.
El 88% de las aguas chilenas pertenece a Endesa, una transnacional que hoy encabeza el proyecto de HidroAysén, el resto está repartido entre regantes, por consiguiente, los ciudadanos chilenos, que debieran ser los dueños del agua, no son propietarios ni siquiera de un litro de este líquido, esencial para la vida. Si este no es crimen de lesa patria, ¿cuál tendría tal categoría?
Pocos años atrás se privatizaron las sanitarias, dejando como resguardo un 30% de las acciones en manos del Estado, lo que le permitiría mantener un porcentaje en el directorio de esas empresas. Posteriormente, Ricardo Lagos permitió que el Estado pudiera enajenar ese 30% de las acciones, desestimando la consulta al Congreso.
A causa de estos dos “regalos” neoliberales de gobiernos anteriores, el Presidente Piñera, aplicando el original y no la fotocopia, concretó la enajenación del 30% de las acciones del Estado – el 29% de Esval, el 43%, Esbío , el 45% de essal y el 45% de Aguas Andinas –así, el Estado quedará sólo con el 5% del total de las acciones de las empresas.
Si las sanitarias fueran un mal negocio y no prestaran ningún servicio social, podría ser discutible su privatización, por el contrario, estas acciones son muy rentables – al año obtienen beneficios de más de un 10%, récord que sólo CODELCO puede lograr. Consideremos que el fondo de estabilización que Chile tiene en el extranjero, producto del buen precio del cobre, sólo renta un 2,4% -.
El Estado enajenó, durante el gobierno de Frei, las acciones a favor de las empresas transnacionales, fundamentalmente Suez (transnacional belga-francesa), y Ontario (Teacher canadiense).
Nadie comprende qué hará el gobierno de Sebastián Piñera con los 1.600 millones de dólares, producto de la venta del 30% de las acciones de las sanitarias; si se invirtieran, por ejemplo, en CODELCO sería un desacierto, pues a 4 dólares la libra es desde ya empresa millonaria. En EFE sería ridículo invertir, pues ya está quebrada y, además, si se hiciera, sería en beneficio de empresas contratistas, que transportarían la carga en beneficio de empresas privadas, En la Enap, no vale la pena, pues refina el petróleo entregando su venta a Petrobrás.
Según las últimas informaciones, pareciera que estos dineros serían invertidos en el Metro, en la construcción de las vías 3 y 6, lo que constituiría una tremenda cachetada centralista, considerando que muchas de las acciones de las sanitarias pertenecen a empresas instaladas en las regiones del Bió Bío y de Los Lagos.
No hay caso, con los partidos del bipolio nada podremos esperar respecto a la defensa de las aguas como un bien social y un derecho humano fundamental. Propongo que las aguas vuelvan a pertenecer al Estado y que, ningún gobierno, bajo ningún motivo, pueda enajenarlas sin una consulta plebiscitaria a la ciudadanía. En América Latina, solamente Uruguay ha prohibido la privatización de las aguas.
Marco Enríquez-Ominami
18/06/2011
(publicado en El Mercurio, lunes 27 de junio, 2011)
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Panel de expertos: ¿currículum o prontuario energético?
Una de las medidas centrales anunciadas por el Presidente y pregonada por el Ministro nuclear (Golborne) es la creación de un panel de expertos que diseñen la política energética para Chile al 2030.
Lo primero, se debe destacar el reconocimiento implícito al hecho de que Chile carece de política energética. Pero hilando un poco más fino, en realidad lo que quieren decir es intentar definir una política eléctrica y no energética. Esa ha sido la tónica. Hablar de lo segundo cuando en realidad lo que les importa es lo primero. Ello porque hablar de electricidad es hablar de minería (70% de la demanda eléctrica proviene de esas empresas intensivas en energía); es también hacer un guiño a los sectores más rentables de la bolsa (las eléctricas) y a un sector generador de rentas extraordinarias del orden de 1,6 mil millones de dólares al año. (Cruzat, PUC, 2008).
¿Y qué pasa con el resto de la energía?, ¿qué pasa con el petróleo y sus derivados?, ¿con la leña y el carbón que conforman más del 80% de la matriz energética? Estos debates parecieran no tener cabida en la estrategia del gobierno. No obstante el aumento de los precios del petróleo y derivados es sostenido, la concentración se agudiza; el precio de la leña también crece, y es causante de más de una veintena de ciudades y localidades del país declaradas zonas saturadas o latentes. Esto último, causa un alto costo sobre la salud pública y privada por más de 380 millones de dólares al año (CNE, 2008). En resumen, el Presidente habló de electricidad y no de energía, habló sólo del 14% de la matriz chilena. Una grave omisión.
La segunda característica tiene que ver con la composición del Comité de Expertos. Éste está compuesto “por los mismos de siempre” más lavadores de imagen: desde ex ministros, buenos amigos y dilectos asesores de las eléctricas, lavadores(as) ambientales de rostros sucios de eléctricas, firmadores de racionamientos eléctricos y hasta conocidos pro-nucleares.
Los académicos que se incluyen carecen de publicaciones o compromisos con proyectos energéticos de política pública o ciudadana. O sea un Comité a la pinta de las empresas eléctricas y de sus empleadores gubernamentales y/o patronales.
Los miembros de este Comité de Expertos comparten algunas singularidades: ninguno de ellos levantó la voz por la centena de térmicas instaladas y que el ministro nuclear y el propio Presidente reprocharon a la Concertación. Al contrario, algunos de estos expertos las alentó. Ninguno ha reprochado tampoco el aumento de tarifas y las ganancias extraordinarias de las empresas eléctricas (simultáneamente pues son las dos caras de la misma moneda). ¿Cómo justificar lo que hizo el ministro nuclear para juntar tal ramillete, siendo que su preocupación es erradicar la pobreza en Chile y que no existe prueba alguna de que a este selecto grupo de expertos les haya importado el tema durante años o peor aún, en décadas? Acorde a un estudio que elaboré para el Ministerio de la Presidencia en 2008: “entre 1996-2006 en los quintiles más pobres, el peso de la energía no sólo aumenta más que en el resto, sino que además, el crecimiento en el costo de la energía no es compensado por el aumento de los ingresos que los sectores vulnerables percibieron en el mismo periodo. En el periodo analizado la participación de la energía en el presupuesto de los quintiles más pobres pasó de un 7% a casi 12 % y hasta un 20% de considerarse la leña”.
Cual más cual menos, todos comparten la obsoleta percepción ideológica del: “más vendo más gano” subyacente al desarrollo eléctrico chileno y de infaustos resultados tanto técnicos, económicos como ambientales. Todos comparten una visión de megaproyectos basados en la expansión física del sistema que garantiza una crisis cada 4 años y que es pagada por los usuarios y el medioambiente.
Las tareas encargadas a este Comité de Expertos ya están hechas. Lo que en realidad se busca es generar un equipo que justifique decisiones ya tomadas y luego, argumentar y “demostrar” en seminarios, publicaciones y eventos pomposos, lo atinado y meditado de sus mega opciones. Es más, la constitución de este Comité es pantalla para justificar los 10 mil a 15 mil megawatts que según “ellos” se requiere. Todo con el afán de, eventualmente, justificar cualquier mega opción, incluida la nuclear.
El ministro nuclear dijo además tener un firme anhelo por impulsar las energías renovables. Su intención no está en duda pero lo que preocupa, es con qué velocidad llegaremos a cumplir esos anhelos: ¿20% al 2020? Con esto, simplemente no alcanza, sentenció. El mundo desarrollado superará ampliamente ese porcentaje de renovables, tanto por un tema de seguridad de suministro, como por compromisos relacionados con el cambio climático, porque la disminución de costos es dramática o incluso porque políticamente han determinado que son la opción más importante para reemplazar la opción nuclear y la de hidrocarburos en lo que a demanda de electricidad se refiere. Si los casos de Suiza, Alemania e Inglaterra no gustan al gobierno por tratarse de países ricos, que se pueden dar estos lujos, según ellos, existen otros casos. Tomemos el de Japón (post Fukushima, pues cerrará sus plantas nucleares), al 2030, las renovables contarán por 40 o 50%.
China destinó US$ 56 mil millones de inversión en energías renovables el 2009 y lidera las inversiones en estas energías en el mundo (Richard Black, BBC News) y su objetivo ahora es adelantar las metas -sólo en eólicas- que se habían propuesto al 2020 de 30 GW. En el escueto marco antes descrito la propuesta de US$85 millones proclamados por el Presidente Piñera como el gran apoyo a las renovables, es una broma de mal gusto.
En realidad este Comité de Expertos es una maniobra distractora. Se caracteriza por un profundo carácter antidemocrático y de compromiso ideológico con la gran empresa y con quienes manejan el negocio eléctrico. Pero para peor, refleja la preocupante falta de visión y de prospectiva especialmente al compararla con la que tienen los países que con inteligencia y responsabilidad enfrentan los desafíos energéticos en el mundo. Por último, ¿sabían que ya existe un Panel de Expertos Eléctricos pagados por las empresas eléctricas, pero que trabajan supuestamente para el Estado? Cierto, tiene un rol algo distinto (solucionar controversias en relación al marco normativo y actuar de empresas), pero ¿no será como mucho crear otra entidad casi similar, que lo único que agrega es, supuestamente mirar el largo plazo? No, decididamente, quienes se presten para formar parte de este Comité no engrosarán su curriculum sino su prontuario.
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Tagged Chile, Energia, Expertos, Gobierno, Politicas, Renovables
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Seso, mentiras y termoeléctricas
Hace unos días atrás, escuché a un par de ex Secretarios Ejecutivos de la Comisión Nacional de la Energía (CNE) referirse a la supuesta crisis eléctrica y justificar —a partir de ésta— Hidroaysén, la opción nuclear y evidentemente las termoeléctricas (cualquiera). Era uno de los coros de fondo que le faltaba a las empresas eléctricas y a los responsables de la política eléctrica del país —si ella existe— para justificar lo que viene. Los argumentos expuestos se debatían entre la pura y simple ignorancia hasta la destemplada desinformación o afirmaciones falaces. Y aparentemente están concientes de lo que hacen -o más o menos- en su rol de consultores de mineras y de eléctricas, luego de haber sorteado más mal que bien un breve servicio en las salas y meandros estatales.
En Chile, por lo demás, no tienen problema para decir una y otra vez lo que afirman, pues los medios carecen de memoria y de profesionales de la prensa suspicaces. ¿Alguna duda? Casi todos los altos funcionarios de la (supuesta) política energética, que jamás Chile ha adoptado, han sido los responsables de las sempiternas dificultades entre oferta y demanda eléctrica, de no contar con instrumentos adecuados para enfrentar la volatilidad de los precios del petróleo, del sostenido aumento de los precios de la energía y de un largo etcétera. No obstante, exentos de pudor, dan entrevistas en los medios explicando “la crisis” energética (léase eléctrica) y sugiriendo opciones. Veamos algunas de las mentiras (falacias, preciso).
Chile—señalan— “requiere de más energía para crecer, pues somos un país en vías de desarrollo”. Falso. Chile requiere de usar mejor su energía, probablemente “energizar” ciertas actividades, pero no hay mejor ni más barato kW ó m3 que aquel que no se usa. ¿Quién lo dice? La experiencia de más de 30 años de países de la OCDE, es decir, los países desarrollados y ricos. Dicho sea al pasar, en este contexto no sé cómo conjugan OCDE, hoy socios nuestros, con nuestra condición de país en vías de desarrollo, en que se esmeran de catalogarnos expertos, consultores e industriales de mundo eléctrico nacional para justificar opciones tecnológicas caras y contaminantes (Hidroaysén, termoeléctricas, y ni qué decir la nuclear). Éstas, si bien resultarán en pérdida de competitividad del país, aumento de la dependencia y de la calidad del medio ambiente, son excelentes negocios para las empresas eléctricas.
Chile, se señala, “posee muchos pobres” y se requiere más energía para el desarrollo con equidad (lema acuñado durante la Concertación y que dejó en la antesala de la aprobación proyectos como Isla Riesco, Hidroaysén y cerca de una decena de termoeléctricas). Falso. Falsedad a medias en realidad. No menos del 70% del crecimiento de la demanda eléctrica se debe a la voracidad de la minería. A éstas les vale madre que siga aumentando el precio de la energía en el mundo (eléctrica y derivados del petróleo), pues al precio récord del cobre la energía se vuelve un dato cada vez menos relevante. ¿Y los pobres en este cuento? Pagarán cada vez más por la energía, aumentos de valor jamás asumidos por los esmirriados subsidios que prevén las reglas en juego.
En un estudio que dirigí en 2008, demostramos que la participación de la energía en los presupuestos familiares pasó de 1,8 a 2% en el quintil más rico, y de 6 a casi 14% en el más pobre. Si a esos datos incluimos la leña —energético más usado en las viviendas chilenas, en promedio—, la participación ascendía a casi el 20%. Entre los años 1996–2006, el aumento en los precios de la energía se comió casi la totalidad de los aumentos en los ingresos de los sectores pobres. Y más lejos del centro, más cara es la energía. Y peor si perteneces a alguna etnia mapuche, huilliche, etc., pues tendrás menos acceso a la electricidad o sencillamente no la tendrás. La verdad es que la cuenta de la energía en Chile y el sostenido aumento que éstas sufrirán en los próximos meses la pagarán las familias, las Pymes y el medio ambiente, como ha sido la tónica en estas tres últimas décadas.
Una de las peores falacias de expertos y consultores regalones de eléctricos nacionales, tiene que ver con las afirmaciones respecto de lo que pasa en el mundo en general en materia energética y respecto de las alternativas tecnológicas y económicas que campean y lideran en las estrategias de los países desarrollados (incluyo a China). Pese a que en los medios nacionales afirman que son las termoeléctricas y las grandes hidráulicas, cuando no las centrales nucleares a fisión, las que se desarrollan en el mundo, la verdad es otra: no existe país de la OCDE que no posea como meta central de su estrategia energética al 2030 o 2050 —la energía requiere de esos plazos que Chile y sus autoridades desconocen pues están reñidas con las tasas de interés, por definición de corto plazo— medidas relacionadas con: el cambio en patrones de consumo, uso eficiente y conservación de la energía, centrales hidráulicas sustentables (< 100 MW), cambio en procesos (industria y minería), intenso apoyo a la cogeneración, fuentes renovables de energía, y créanme, una relativamente larga lista de opciones sobre la cuales los responsables de las empresas energéticas y autoridades en Chile ni siquiera balbucean.
Para un real y verdadero despliegue de capacidades y recursos, no obstante, Chile está lejos, muy lejos, de recuperar terreno y adoptar opciones promisorias que configuren las bases de un verdadera política energética —¿habrá que decir por enésima vez que la electricidad sólo equivale a un 20% de la matriz energética?—. Cualquiera sea la opción tecnológica adoptada, de no cambiarse las reglas del juego de los mercados energéticos que propicia que paguen algunos y se embolsen las ganancias muy pocos —con sismo o sin él, con crisis o sin ella— nuestra competividad se verá paulatina pero certeramente disminuida, y nuestros ecosistemas sensiblemente deteriorados.
Mal, decididamente, mal. El desarrollo del sector energético continúa descansado en el aumento sostenido de precios y tarifas, nula innovación e inversión en investigación y desarrollo en energía, un marco regulatorio que fomenta el circulo vicioso ventas/utilidad favoreciendo el despilfarro, un mercado opaco, poco eficiente y concentrado. A ello se suma la crónica falta de visión de los partidos políticos de la Concertación y la Alianza unidas.
Las medidas anunciadas hace pocos días atrás para enfrentar una probable crisis de electricidad son tan viejas como la falta de creatividad de los responsables de la energía en Chile. La reducción de voltaje, el ahorro de electricidad impulsado por la propias eléctricas (¿?), apagar la luz, o desconectar aparatos por el consumo vampiro y otras joyitas como éstas, ya fueron implementadas en 1999, 2004, 2008, e incluso antes. ¿Y cuál fue el resultado? Chile se sigue debatiendo entre la dependencia y vulnerabilidad merced a la ignorancia de unos pocos, el lucro de unos cuantos, y la falta de seso de otros. Y ojo, la Concertación no alcanzó a privatizar el sol, pero algunos creativos de la Alianza buscan los recursos.
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