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Hacia la creación de sistemas de innovación socialmente robustos: la contribución de los estudios sociales de la ciencia y la tecnología a las políticas.

 

Por Nicolás Bayá Laffite.

Doctorando en Ciencia, Tecnología y Sociedad, EHESS Paris, Francia; consultor para le Programa para “Gestión de las Transformaciones Sociales” (MOST) de la UNESCO (www.unesco.org/shs/most).

 

 

En el contexto de la globalización y de la una economía centrada en la innovación tecno-científica, el desafío de la innovación para las políticas de desarrollo territorial en Latinoamérica viene siendo planteado, tal como lo sugiere Néstor Bercovich, en términos de la transformación de las aglomeraciones productivas existentes en sistemas locales de innovación. En este desafío, las ciencias sociales en general y los el campo de estudios sobre ciencia, tecnología y sociedad “CTS” pueden hacer una contribución significativa al éxito de las intervenciones políticas.


El concepto de sistemas nacionales de innovación, desarrollado en a fines de los años ’80 se refiere grosso modo a las relaciones entre territorio, ciencia y tecnología e innovación, y más específicamente a la capacidad de los actores públicos y privados de un territorio dado de promover, a través de redes de cooperación altamente eficientes, la producción y el uso creativo de conocimiento orientado a tratar con problemas, así como el desarrollo nuevas tecnologías económicamente competitivas, asegurando así la inserción del la economía del territorio dentro de las dinámicas globales de productividad y competitividad. Entrados los años ’90 el concepto fue extendido a la escala regional con la teoría de los clusters referirse a la situación y las perspectivas de algunas regiones innovadoras en el mundo desarrollado que lograron dinamizar sus economías con éxito.


Referido al contexto de los países en desarrollo, el concepto viene suscitando  gran interés ya que permite subrayar la pertinencia de otros actores sociales, más allá de la oposición entre Estado y del mercado. En este sentido, el concepto supera los enfoques puramente económicos para restituir las dimensiones políticas, sociales y culturales de la innovación, siendo funcional al marco del desarrollo sustentable y de la governance. Sin embargo, se ha señalado que el concepto presenta importantes limitaciones en cuanto al rol que juegan las redes transnacionales de conocimiento en la formación y transformación de los ambientes locales de innovación. En efecto, la globalización no solo concierne las empresas, sino también las comunidades y las geografías.


En América Latina, los sistemas locales de innovación son débiles, incompletos o inoperantes, siendo esto uno de los principales obstáculos para su desarrollar. Esto plantea la necesidad de intervenciones políticas orientadas a articular y fortalecer las dinámicas de cooperación y de aprendizaje interactivo entre los actores relevantes, incluyendo la sociedad civil. Algunas de las condiciones fundamentales planteadas para alcanzar este desafío son el establecimiento de sistemas de incentivos y de apoyo institucional adecuados, la capacitación de recursos humanos para la gestión de esos sistemas y el desarrollo de modelos adaptados a cada territorio. La cuestión está sin embargo en que el desafío de los sistemas de innovación en Latinoamérica requiere por un lado definir los límites de la replicación de las experiencias europeas, y por otro generar y hacer llegar a los actores relevantes el conocimiento acerca de las condiciones sociales para hacer frente al desafío de la creación sistemas de innovación socialmente robustos, es decir sistemas de innovación inclusivos y democráticos en los que el conocimiento está socialmente distribuido en una amplia gama de actores sociales y sujeto de distintos tipos de accountability.


En este sentido, la caracterización de las nuevas condiciones que imponen en América Latina las dinámicas de la nueva economía del conocimiento global y si incorporación a las intervenciones políticas apuntadas al fomento de sistemas de innovación se vuelve un aspecto crítico de su éxito. El punto es que ésta es una importante contribución que las ciencias sociales y humanas pueden hacer, no obstante los importantes obstáculos a los que se enfrentan hoy en día (por ejemplo la constante reducción presupuestaria).

 

Particularmente, este es un rol que pueden jugar los estudios sociales de la ciencia y la tecnología, o estudios sobre ciencia, tecnología y sociedad “CTS” (STS en su acrónimo en inglés) en la generación de conocimiento sobre la producción y el uso social de conocimientos científicos y tecnológicos en América Latina. Estos estudios constituyen un campo de trabajo no sólo los ámbitos de la investigación académica y la educación, sino también de la política pública, hoy bien consolidado en los países desarrollados, que nace en hacia fines de los años ’70 a partir de nuevas corrientes de investigación en sociología de la ciencia, y de un  progresivo incremento en la sensibilidad social e institucional sobre la necesidad de una regulación democrática de la innovación científica y tecnológica. El objeto de estos estudios es la co-construcción del orden social y el fenómeno científico-tecnológico. En esta perspectiva, la ciencia y la tecnología ya no son cometidos especializados que se limitan a la industria y los laboratorios: se han entrelazado entre sí y con la sociedad humana. La contribución fundamental del campo CTS es observar el mundo humanamente construido y el mundo natural como un todo integrado. El enfoque general es de índole interdisciplinar, incluyendo contribuciones desde de la sociología y la ciencia política, la economía del cambio técnico, la antropología, la filosofía y la historia de la ciencia y la tecnología. El campo CTS es asimismo un movimiento con objetivos sociales y políticos entre los que cabe resaltar el desarrollo y la consolidación de actitudes y prácticas democráticas en cuestiones de importancia social relacionadas con la innovación tecnológica y las intervenciones ambientales, a partir de un compromiso respecto a la integración de los otros saberes no científicos. Significativamente, en los últimos años, el campo CTS a alcanzado un grado de institucionalización significativo (por ejemplo con la constitución de la sociedad latinoamericana de estudios sociales de la ciencia y la tecnología ESOCITE).


Por último, el desafío que esto deriva es, concretamente, cómo puede asegurarse que en el contexto latinoamericano el conocimiento generado por las investigaciones pertinentes pueda ser incorporado con éxito no sólo por los decidores políticos, sino también por todos actores sociales concernidos. Esta cuestión, notoriamente, viene estando ya desde hace algún tiempo en el centro de iniciativas de varios organismos y agencias multilaterales.  Por ejemplo, la UNESCO, a través de su Programa de Gestión de las Transformaciones Sociales “MOST” se empeña, entre otros objetivos, en fomentar tanto desde la reflexión teórica y metodológica como desde la práctica, nuevos modos de articular los nexos entre las investigaciones en ciencias sociales, y las políticas, y la sociedad civil para el desarrollo socio-territorial sustentable. La particularidad este programa está en que precisamente busca promover la producción de un conocimiento socialmente robusto entre académicos, políticos y organizaciones de la sociedad civil. No obstante la originalidad de este tipo de iniciativas internacionales, aún queda por esclarecerse cuál es su impacto concreto en el establecimiento concreto de un nexo dinámico entre la investigación y las políticas para la creación de sistemas locales de innovación.

 

En conclusión, el centro de la cuestión no sólo está en la necesidad de sistemas de innovación dinámicos y competitivos sino en cómo articular en el contexto latinoamericano las redes de actores políticos, económicos y sociales inclusivas y democráticas que los posibilitan. Ante este desafío esencialmente político, el conocimiento sobre las dinámicas y procesos sociales de la ciencia, la tecnología y la innovación en América Latina es un elemento clave para el éxito de las iniciativas de estímulo. En este sentido, asistimos a un creciente interés en el campo interdisciplinar CTS. Sin embargo, todavía queda mucho por hacer para articular mejor la producción de conocimiento en ciencias sociales, las políticas, y la participación de las organizaciones de la sociedad civil con vistas a la creación de sistemas locales de innovación socialmente robustos y sustentables.

 

 

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