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V Cumbre de las Américas: Latinoamerica redefine su camino

 

Por Diego Pupato. Politólogo, docente Universidad de Buenos Aires


 

 

lLa Quinta Cumbre de las Américas traía tras de sí la herencia de lo sucedido en la edición anterior, en Mar del Plata. El rechazo al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) desató vientos de cambio en Latinoamérica, evidenciando la disminución relativa de la influencia de Estados Unidos en el hemisferio. Todavía debe sorprenderse el entonces Presidente George W. Bush al recordar las protestas en las calles de la ciudad argentina, las duras críticas expresadas durante aquel encuentro, y la tenaz oposición al ALCA, motorizada por el MERCOSUR y Venezuela.


La reunión de Puerto Príncipe, desarrollada entre el 17 y 19 de Abril, estuvo marcada por los interrogantes acerca del primer contacto de Barack Obama con los países de la región, en el contexto de la crisis económica internacional. ¿Podría la administración demócrata generar relaciones más positivas con los países latinoamericanos?


Desde el plano discursivo, Obama se mostró a la altura de la expectativa de cambio que ha despertado desde que se lanzó a la presidencia de su país. Intentando diferenciarse de su antecesor, su discurso estuvo centrado en aceptar la “diversidad” existente en Latinoamérica en términos de proyectos políticos; la necesidad de buscar salidas multilaterales a la crisis económica; y, sobre todo, la declaración sobre el “fracaso” de la política estadounidense hacia Cuba.


La cuestión cubana


Dejando clara la intención de evitar un nuevo Mar del Plata, Washington anunció en los días previos al inicio de la Cumbre la decisión de levantar restricciones a las remesas y viajes a la isla. Esta medida tuvo una recepción positiva en la Habana, ya que Raúl Castro declaró estar dispuesto a “discutir de todo” con Estados Unidos.


De esta manera, Obama llegó a Trinidad y Tobago con una concesión en mano en el que es, probablemente, el tema más sensible de las relaciones entre Estados Unidos y el Hemisferio. Además, quitó margen de reclamo (y protagonismo) a los países de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), que preparaban un enérgico pedido de modificación de la política hacia Cuba.


La evolución de este vínculo sigue siendo una incógnita, pero los cambios en el gobierno de Cuba y, sobre todo, el acercamiento de Obama a importantes sectores anticastristas radicados en Florida (su campaña fue financiada por el hijo del célebre opositor a Castro, Jorge Mas Canosa), son señales alentadoras para cumplir con un viejo (e impostergable) anhelo de los países latinoamericanos: el fin del aislamiento cubano, mediante su reinserción en las instancias de diálogo diplomático, y el levantamiento del bloqueo estadounidense.


Cambia… ¿todo cambia?


Este despliegue de seducción diplomática (saludo con Hugo Chávez incluido) reafirmó la necesidad de reconstituir el “poder blando” estadounidense.


Sin embargo, Obama no dejó de recordar la necesidad de mantener la apertura económica como condición indispensable para salir de la crisis; de acrecentar la cooperación para el combate a las “nuevas amenazas” (definición en la cual conviven los carteles de droga con organizaciones guerrilleras y movimientos sociales de diversa índole); el sostenimiento del Plan Colombia, y el inicio de una mayor cooperación militar con México. Además, no hubo ninguna referencia a las causas de la reactivación de la IV Flota, bajo “jurisdicción” del Comando Sur de Miami…


El Sur existe


En este panorama signado por promesas discursivas y realidades tangibles, la Cumbre arrojó un balance positivo para las posibilidades de fortalecimiento del diálogo entre los países del sur.


Brasil consolidó la viabilidad política de UNASUR (que ya cuenta con un Consejo Sudamericano de Defensa), lo que podría generar nuevas oportunidades para que los países sudamericanos gestionen su política exterior con mayor autonomía. Además, el gobierno brasileño se posicionó como interlocutor entre Cuba y Estados Unidos.


Otros países sudamericanos demandaron un trato más igualitario en términos políticos y económicos, y recordaron que las intromisiones de Estados Unidos (sobre todo la imposición de recetas económicas) han sido lesivas a sus intereses.


Los gobiernos opositores a Estados Unidos (como los de Venezuela, Bolivia y Ecuador) mantienen su marcha, aunque no sin sobresaltos. Pese a ello, los países sudamericanos han acudido en su ayuda, manifestado su rechazo a la violación de la soberanía nacional (como quedó reflejado en el incidente entre Ecuador y Colombia), y actuando para sostener gobiernos legítimamente constituidos (como quedó reflejado en el accionar de UNASUR ante la crisis en Bolivia). 


Puede argumentarse que esta realidad emergente es fruto de el abandono relativo que Estados Unidos ha operado sobre al región (motivado por sus aventuras bélicas en Afganistán e Irak); o que el liderazgo brasileño, para Washington, es probablemente la mejor alternativa disponible.


Lo que queda claro es que las relaciones hemisféricas entran en una nueva etapa, en la que buscarán que se escuche la voz del Sur.

 

 

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