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Desafío:


DESARROLLO
: ¿Un nuevo modelo de desarrollo?

Por Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva, Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas (CEPAL).

 

 

 

Hemos llegado al siglo XXI con un orden económico y financiero internacional  que acentúa, en tiempos de globalización, las diferencias más que las convergencias. Ciertamente hemos tenido avances incalculables y muchas oportunidades se han creado, pero la actual crisis nos ha mostrado cruelmente la realidad en que vivimos. Tenemos naciones con altos porcentajes de población en la pobreza e indigencia, cuando sabemos que un porcentaje limitado del monto total de los paquetes de rescate puestos en práctica en el mundo desarrollado desde septiembre de 2008 podría terminar con la pobreza en el mundo. Todavía tenemos naciones en que la mitad de la población trabaja en la informalidad sin ningún tipo de seguridad social. Todavía tenemos naciones que están sumergidas en deuda, no siempre contratada en las condiciones más transparentes o sanas, que sobrepasa con creces sus posibilidades de pago aún considerando un plazo generosamente largo. Tenemos naciones en que la estructura de recaudación fiscal es débil y las fuentes de recursos en moneda extranjera limitadas y, por lo tanto, dependen críticamente de la ayuda oficial para el desarrollo y otros préstamos y donaciones internacionales. Tenemos naciones que dependen primordialmente de exportaciones de bienes y servicios para países desarrollados, cuando estos últimos atraviesan graves problemas económicos y muestran señales de proteccionismo comercial para intentar salvaguardar sus industrias. Encima de todo, tenemos naciones que padecen de todas estas vulnerabilidades al mismo tiempo, aquí mismo en América Latina y el Caribe.

 

Pero el orden financiero internacional se ha dejado dominar paulatinamente por la práctica de la especulación per se más que por apuestas en la rentabilidad de procesos productivos innovadores y respetuosos del medio ambiente. Las instituciones financieras internacionales, por su parte, no reconocen las consecuencias integrales y a mediano/largo plazo de las condicionalidades impuestas en sus préstamos. Es así que las poblaciones de dichas naciones se ven actualmente en situaciones muy complicadas, que muchas veces se vuelven inhumanas.

 

¿Qué nos falta en América Latina y el Caribe para tomar esta oportunidad única para el planteamiento de un nuevo modelo de desarrollo? ¿Cómo podemos empezar a diseñar un modelo de desarrollo inclusivo, basado en la justicia social y en el respeto por las reglas del juego, tanto para el sector público como para el sector privado? ¿Cómo podemos asegurar buenas prácticas a largo plazo que reconozcan los vínculos entre desarrollo económico, desarrollo social y sostenibilidad ambiental?

 

 





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