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México: igualdad sustantiva

Por Jorge Luis Fuentes Carranza*

Alcanzar la “igualdad sustantiva”, real, es complejo, no basta con imponerlo en la ley, hay que buscar su aplicación en la vida cotidiana, por ejemplo, la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación “tiene por objeto la prevención y eliminación de todas las formas de discriminación que se ejerzan contra cualquier persona, así́ como promover la igualdad de oportunidades y de trato”, como todos y todas sabemos, esto no es así, es un sentimiento aspiracional, es importante que se establezca en la ley, pero insuficiente si no se cumple.

Por ello, lo sucedido hace 60 años en México, que permitió el voto activo y pasivo, votar y ser votada, para la mujer, es una acción que rebasa lo aspiracional y consigue el reconocimiento de un derecho en la vía de los hechos. México llegó tarde a esa cita con la mujer, antes lo hicieron otros países como Uruguay en 1927 en nuestro continente, pero finalmente Adolfo Ruíz Cortines reconoció tal derecho y desde entonces el camino de empoderamiento femenino en México ha sido arduo.

La primera mujer candidata presidencial fue doña Rosario Ibarra de Piedra en 1982, en una candidatura testimonial, como dos más ocurridas en 1994, postuladas por el Partido del Trabajo y el Partido Socialista; fue hasta el año pasado que el Partido Acción Nacional (PAN) postuló, a la primera mujer con reales posibilidades de triunfo. Y, contrario a Chile, Argentina, Brasil o Costa Rica; México aún no ha sido gobernado por una mujer.

Nuestros parlamentos desde hace mucho son integrados, cada vez en mayor proporción, por mujeres, quienes han demostrado amplia capacidad legislativa y también administrativa en cuatro gubernaturas (Colima, Tlaxcala, Yucatán, Ciudad de México y Zacatecas), aunque tristemente hoy, no tenemos a ninguna mujer gobernadora.

Abrir paso entre el machismo y sexismo, a veces más acentuado en el terreno político es complejo, pero gracias a un hecho, que permite legalmente imponer espacios aún en contra de la discriminación ejercida, a veces, por ellas mismas, es sin duda la acción afirmativa de género.

Dicha acción afirmativa comenzó en el Partido de la Revolución Democrática (PRD) desde la primera mitad de los noventa, impidiendo que en cargos de representación proporcional exista más de 70 por ciento de candidaturas de un mismo género, es decir, 30 por ciento de representación femenina, al menos.

En esa tarea siguió la ley general, obligando a todos los partidos a cumplir con una acción afirmativa, desde el Código de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE), que reguló 30 por ciento, y gracias a un grupo de mujeres de todos los partidos y a su impugnación ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TRIFE), se emitió una sentencia que obliga a respetar un nuevo ascenso a los partidos de 40 por ciento, está vez en las candidaturas de representación proporcional y de mayoría, así la fórmula completa, propietaria y suplente, tienen que ser mujeres.

Pero antes, una vez más, el PRD se adelantó e instituyó la paridad en sus estatutos. De tal forma que desde 2007 tenemos la obligación al interior del PRD de postular en absoluta igualdad a una mujer por cada hombre candidateado.

Obligar, mediante acciones afirmativas a las sociedades a evolucionar es complejo, lento y muchas veces hay que rehacer normas para evitar su incumplimiento tramposo (caso “Juanitas”), pero sin duda vamos avanzando. Como decía al principio, Uruguay fue el primer país del continente en reconocer el voto de la mujer, pero contradictoriamente, será hasta su proceso electoral del año entrante que de manera extraordinaria, por única ocasión, habrá acción afirmativa para mujeres. Mientras, en nuestra muy poco respetada democracia, nuestras normas electorales vuelven a dar un brinco sustantivo con la siguiente iniciativa presidencial al COFIPE: “Artículo 219

1. La totalidad de solicitudes de registro, tanto de las candidaturas a diputados como de senadores que presenten los partidos políticos o las coaliciones ante el Instituto Federal Electoral, deberán integrarse con un cincuenta por ciento de candidatos propietarios y suplentes de un mismo género y el cincuenta por ciento restante con candidatos del género opuesto”.

De ser aprobada la iniciativa presentada el día de ayer por Enrique Peña Nieto, en conmemoración del 60 aniversario de la promulgación del voto de la mujer en México, tendremos una meta que hace apenas cinco años se veía lejana, la paridad, característica directa de la igualdad. Ojalá.

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(*) Jorge Luis Fuentes Carranza es licenciado en Derecho por la UNAM y es especialista en temas constitucionales por la misma universidad. Actualmente es Presidente de la Coppal – Juvenil y es asesor del Secretario de Gobierno del Distrito Federal México. De 2011 a 2012 fue asesor en Derechos Humanos de la Secretaría General de Gobierno del Estado de Puebla. A principios de 2010 fue candidato a diputado local por la Coalición “Compromiso por Puebla”, integrada por los partidos: Convergencia (hoy Movimiento Ciudadano), PAN, PANAL y PRD, siendo postulado por éste último. Tw: @luentes

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Artículo publicado originalmente en www.milenio.com con acceso a octubre 2013.

 

 

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