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65 millones de razones

Cuando nos levantamos de la cama por la mañana cada quien tiene su propia jornada de incertidumbre, de riesgos y muchas veces de dolor y angustias. El pensar ¿de dónde saco para comprar lo de la comida? ¿Cómo voy a pagar la factura de la luz que hasta mañana tengo plazo? o ¿cuándo voy  a conseguir para cubrir el arriendo? no es exclusivo de pocas personas en el mundo. De hecho, la mayoría de las personas en todos los países del planeta tiene que pensar en ¿cómo hago hoy en la mañana para cubrir lo que me queda del día?

Sin embargo, -todo el mundo lo sabe- hay personas que están peor que uno. Cada minuto que pasa, 24 personas más, tienen que además preguntarse ¿y a dónde voy a ir ahora? ¿De dónde saco para pagarle a alguien que me saque de aquí y poder sobrevivir con mi familia? ¿Me quedo y que nos mate la guerra o el hambre, o nos vamos a dormir y a comer Dios sabe dónde y qué, pero tal vez sin riesgo a no amanecer mañana? Y si nos vamos, ¿va a haber mañana?

Cada minuto, 24 personas en el mundo son forzadas a irse de sus casas. A dejarlo todo. Todo. Y no estamos hablando solamente de personas que sufren esas sangrientas guerras por allá en sitios remotos como Siria e Irak. Estamos hablando de Colombia, de Panamá, de El Salvador.

Imagínese usted que durante un mes tiene que viajar a un lugar no muy lejano, al que normalmente en avión llegaría en dos horas, pero a fuerza tiene que irse en bus o en tren y adicional caminar más unos cuantos kilómetros ¿Qué clase de cosas podrían pasarle en ese mes? no se imagine situaciones extremas, solamente situaciones diarias que pueden pasarle a cualquiera como por ejemplo heridas en los pies al caminar, que le llegue la regla y tenga dolor, un resfriado, migraña, diarrea, que sus hijos tienen que dejar de ir al colegio, que no tiene cobertura de celular para monitorear en dónde va el resto de su familia, que tiene que dejar a su perro solo, que su madre, por la edad, no puede aguantar el trayecto… Ahora imagínese que solamente tiene una mochila con usted con una sola muda de ropa, no tiene acceso a tiendas, no tiene dinero, no tiene dónde quedarse a pasar la noche, no tiene seguro médico, no tiene papeles. Lo único que tiene es una prisa enorme por salir de donde está y poder reunirse con su familia al otro lado de una frontera, o lograr pasar esa frontera para salvar a las personas que lleva a su cargo. Ahora imagínese que usted tiene 12 años.

Esa es la jornada de una persona refugiada. Sumados a otros cuantos “contratiempos“.

De las personas desplazadas, más de la mitad son niñas y mujeres, que por condición de su sexo corren un riesgo muy alto de sufrir violencia sexual, de ser víctimas de la trata de personas, de convertirse en esclavas sexuales o domésticas, de ser vendidas para matrimonios forzados.

La guerra en las trincheras abre otra guerra en las fronteras, esa guerra que tienen que padecer las personas que han sido forzadas a migrar ahora para evitar los altos riesgos de ser víctimas de tráfico ilegal y de trata, de extorsión y de violencia, de discriminación y malos tratos.

65 millones de personas fueron desplazadas en el mundo en 2015. Solamente en Colombia, 6.9 millones de personas fueron desplazadas el año pasado, encabezando el listado de países con mayor número a nivel mundial.

Pero… ¿y qué podemos hacer el resto de los mortales que no tenemos ninguna influencia en los gobiernos, que no nos alcanza el sueldo a fin de mes, y que muy probablemente no hemos tenido contacto con ningún refugiado en nuestra vida?

Tenemos (sí, tenemos) que empezar por dejar de voltear la cabeza para el otro lado ¿Está usted seguro de que nunca ha visto a un refugiado en persona, solamente en las noticias? ¿Y qué tal a una persona desplazada? ¿Tampoco? ¿Está usted segura de que a esa persona que la incomodó tanto en el semáforo con la insistencia de venderle dulces no tiene estatus de desplazada? ¿Está seguro de que en su barrio no hay un comedor comunitario al que asisten decenas de personas desplazadas todos los días?

Formas hay tantas de ayudar como personas en el mundo con estatus de refugiadas o desplazadas. Y han sido en 2015, 65 millones las posibles formas de ayudar. Busque la suya, busque su forma de ayudar.

Por ejemplo, añadiendo su nombre a la petición #ConLosRefugiados de La Agencia de la ONU para los Refugiados –ACNUR- para enviar un mensaje claro a los gobernantes para que actúen con solidaridad y responsabilidad compartida.

Donando a las agencias y ONGs que trabajan directamente con los refugiados.

Apoyando el proceso de paz en Colombia, teniendo claro que perdón y reintegración son necesarios para evitarnos más muertes y lograr justicia.

Uniéndose al grupo de su comunidad que asiste a personas desplazadas o refugiadas para dar soporte.

Dejando de mirar mal a la indigente del semáforo que no tiene nada de indigente, y que merece que la traten con dignidad.

En 2015 hubo 65 millones de razones para preocuparnos más por aquellas personas que lo han perdido todo. Echemos una mano, que aunque no seamos parte del problema, podemos ser parte de la solución. 

* Carolina Guevara, colombiana residente en Bruselas, técnica en gestión de negocios por la UNAD Colombia y experta en estudios de desarrollo por la Universidad Complutense de Madrid, es la responsable de EqGenero.com, sitio web sin ánimo de lucro cuyo objetivo es brindar información como herramienta de empoderamiento para disminuir las cifras de violencia de género en Latinoamérica e investigadora del Observatorio sobre Trata de Personas – OTPAL de Asuntos del Sur | Twitter:@laguevarab y @eqgenero.

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Carolina Guevara

Carolina Guevara, colombiana residente en Bonn, Alemania, técnica en gestión de negocios por la UNAD Colombia y experta en estudios de desarrollo por la Universidad Complutense de Madrid; investigadora en migraciones forzadas y responsable de EqGenero.com. Investigadora de OTPAL (Observatorio de Trata de Personas en América Latina). | Twitter: @laguevarab y @eqgenero.

Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

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