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Así es como sabemos que la derecha dura de Colombia venció al acuerdo de paz

El domingo, los colombianos desecharon por poco margen un acuerdo de paz que hubiera puesto fin a más de 50 años de guerra entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). El resultado fue ampliamente inesperado, tanto en Colombia como en el exterior. Los encuestadores predijeron que los que apoyaban el sí ganarían. Muchas figuras públicas apoyaron el acuerdo de paz.

Sin embargo, una voz prominente se opuso al acuerdo: el ex-presidente colombiano, durante dos períodos consecutivos, Álvaro Uribe. Líder de extrema derecha que apoyó una política de mano dura para poner fin al conflicto, Uribe argumentó que el acuerdo era muy indulgente con los rebeldes e insistió que un acuerdo más duro era posible.

La activa campaña de Uribe contra el acuerdo de paz y el éxito que tuvo contribuyendo en su derrota ayudó a asegurar su posición como una de las figuras políticas más importantes de Colombia.

Uno de los recursos más importantes de Uribe es su ferviente grupo de seguidores. Estos, llamados uribistas, constituyen un movimiento político en crecimiento con serias implicaciones políticas y sociales para Colombia, como podemos observar con la derrota del acuerdo de paz.

Así es cómo sabemos que Uribe lidera un movimiento

Realizamos una encuesta representativa a nivel nacional en mayo de 2015 con 1.000 participantes elegidos al azar. Midiendo sólo de manera convencional, encontramos que una minoría de los colombianos abiertamente declara estar afiliada a algún partido político. El partido “uribista” Centro Democrático (CD) tiene el mayor porcentaje de aquellos que afirman simpatizar con algún partido político. Pero esto sólo representa sólo el 18,5% del electorado (considerando que en Estados Unidos el 32% de los ciudadanos están afiliados al Partido Demócrata). El Partido Liberal le sigue, con el 13,3% del electorado. El partido oficialista, denominado el Partido de la U, reclama un 7,2%. Pero la mayoría de los votantes (45,3%) no se identifica con ningún partido.

En otras palabras, en la actualidad los colombianos son en su mayoría apartidarios. Pero sospechamos que muchos de los seguidores del uribismo no se identifican abiertamente con el CD. El CD fue fundado en 2013 y participó en una sola elección nacional y en una elección distrital. Aún más, en general,  los colombianos rechazan y desconfían de los partidos políticos. Esto es por la desconexión entre las demandas de los ciudadanos y los propios intereses de las elites partidarias. Esta desconfianza puede hacer a los colombianos reacios a apoyar abiertamente o participar en cualquier partido, aún si se identifican con lo que propone el uribismo -que incluye la derrota militar de las FARC y el encarcelamiento de sus líderes, así como una visión conservadora de los valores familiares.

Para probar nuestra teoría, le preguntamos a los encuestados si ellos votarían por un candidato del uribismo para: el Congreso Nacional, el gobierno regional, y el gobierno local. De esta manera podríamos medir el apoyo para (y la oposición hacia) el movimiento (uribismo) en vez de al partido creado para sostener ese movimiento (CD).

Los encuestados podían responder definitivamente sí, probablemente sí, probablemente no, definitivamente no o no estoy seguro.

Aquellos que dijeron que “definitivamente” votarían por un candidato uribista para los tres puestos públicos fueron caracterizados como “uribistas de línea dura”, o cómo los colombianos suelen llamarlos uribistas de sangre pura. Ellos consistieron en el 23,4% de la muestra, casi cinco puntos más que los simpatizantes del CD (18,5%).

Aquellos que respondieron que “probablemente votarían” por un candidato uribista para los tres puestos públicos (o cualquier combinación de “definitivamente sí” y “probablemente sí”) fueron catalogados como “uribistas propensos”. Ellos representaron el 17,1% de la muestra.

Finalmente, quienes respondieron que “definitivamente no” votarían por un candidato uribista para las tres posiciones fueron definidos como “anti-uribistas”. Ellos conforman el 31,7% de la muestra.

Los oponentes firmes son rara vez considerados cuando se estudian partidos. Pero nuestros datos sugieren que, en situaciones menos institucionalizadas y/o polarizadas, los partidarios negativos pueden afectar a sus votantes y de esa manera a quién gana la elección. Según nuestras mediciones, los partidarios de línea dura y aquellos que sienten cierta predilección superan en número a aquellos que se oponen al uribismo.

También preguntamos cómo los individuos se clasifican a ellos mismos en el espectro ideológico, en una escala donde 1 es extrema izquierda y 7 extrema derecha. Así es cómo aprendimos que los uribistas de línea dura se percibían ellos mismos tan a la derecha (5,27) como los simpatizantes del CD lo hacen (5,17). Los anti-uribistas se clasifican se más a la izquierda (4,13), aunque están casi alineados con el votante promedio (4,37). Los uribistas propensos están entre los seguidores de línea dura y el votante promedio, con 4,86. Estos resultados fueron estadísticamente significativos.

Así es cómo concluimos que los uribistas derrotaron el acuerdo de paz

¿Qué es lo que estas identidades significan en las urnas? ¿Son estos puntos de vistas la razón del rechazo al acuerdo de paz? Solamente el 37% del electorado votó el 2 de octubre. Si los uribistas de línea dura son solamente el 23,4% del electorado, para derrotar al acuerdo, tendrían que haber votado en un porcentaje mayor que el resto de los colombianos. ¿Lo hicieron?

Creemos que esto es posible. En nuestra encuesta del 2015, preguntamos:

Algunas personas están dispuestas a participar en un conjunto diverso de actividades para promover sus creencias políticas. Voy a enumerar una serie de actividades. Dime cuán aceptable es o no cada una de estas actividades en la promoción de sus propias creencias políticas. Por favor, utilice una escala del 1 a 7, donde 1 no es en absoluto aceptable y 7 es muy aceptable. [Las actividades incluidas son: participar en una reunión del partido político; convencer a otros de votar como usted; participar en una protesta legal; invadir o dañar la propiedad privada; ocupar un edificio; bloqueo de calles o carreteras].

Los uribistas de línea dura sostuvieron que la participación en las reuniones del partido y la persuasión a otros a votar eran más aceptables que para los demás colombianos. En promedio, los uribistas duros calificaron la participación en las reuniones del partido con 4,53 y la persuasión a otros a votar con 4,34. Anti-uribistas, por el contrario, las clasificaron con 2,78 y 2,42, respectivamente.

A partir de esto, llegamos a la conclusión que los uribistas de línea dura son políticamente más activos que sus conciudadanos. Y en una corta campaña como la del plebiscito por el acuerdo de paz (que duró sólo cinco semanas) esto es lo que importa. Los que hicieron campaña por el "sí" provenían de un grupo que es menos propenso a involucrarse activamente en partidos y en persuadir políticamente. Los uribistas estaban dispuestos a organizarse, sostener y actuar en nombre de sus creencias. Eso puede haber empujado el voto al "No".

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Publicado originalmente aquí.

Traducción: Martín Luzuriaga

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Jennifer Cyr | Carlos Meléndez

Jennifer Cyr Doctora en Ciencia Política por la Northwestern University. Profesora Asistente de Ciencias Políticas y estudios latinoamericanos en la Universidad de Arizona | Carlos Meléndez Doctor en Ciencia Política. Columnista en Perú. Profesor e Investigador Post-doctoral en la Universidad Diego Portales de Chile. Tw: @eljorobado

Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

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