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Democracia Abierta y Participativa en el siglo XXI

¡Democracia! Es la respuesta que la mayoría de la población contesta cuando se le pregunta, en América Latina, en qué modelo prefiere vivir ¿Democracia o Dictadura? ¿Hay otro modelo? La respuesta casi siempre es: “yo quiero o prefiero vivir en democracia”, palabra asociada a la libertad, la igualdad y la justicia social, pero que lleva el peso a cuestas de no haber podido resolver a plenitud los problemas de la ciudadanía.

Pobreza, inequidad, coerción y violencia, son algunos de los tantos problemas y condiciones que afrontan los ciudadanos en todo el mundo y que, en algunos casos, han desembocado en malestar y desconfianza hacia quienes tradicionalmente ejercen el poder y sus instituciones: el gobierno y los partidos políticos. 

Si la democracia es el mejor modelo de gobierno que podemos tener, tendríamos que preguntarnos entonces qué cosas han hecho o qué cosas impiden que se concreten la consecución del tan anhelado bien común, muy especialmente hoy en la era de la globalización y la revolución tecnológica. Queremos responder preguntas, aquí va otro interrogante: ¿Es realmente hoy la democracia el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo (tal como lo diría Abraham Lincoln)?

Buscando respuestas a las crisis sociales que no se resuelven. Algunos diríamos que el problema efectivamente no está en la democracia, sino en su gerencia, una gerencia que en casos implica exclusividad de actores que representan ciertos intereses, que no le gusta rendir cuentas del poder delegado, que no informa oportunamente sobre las decisiones que toman y piensan tomar y que no aprovechan, ni utilizan, capacidades e inteligencias ciudadanas para encontrar soluciones a los múltiples problemas que nos acechan.

Otra pregunta ¿No será que esta representatividad tiene que abrirse, incorporar nuevos actores y procesos, reformularse y actualizarse a los nuevos tiempos? Muchos dicen que sí, y es en este marco que se ha desarrollado un concepto: el de Gobierno Abierto, que se manifiesta tal como se señala en el artículo de la Academia de Innovación Política, citando a (Ramírez-Alujas, 2010), “en el mejoramiento de los niveles de transparencia y acceso a la información mediante la apertura de datos públicos; mayor facilidad para la participación de la ciudadanía en el diseño e implementación de las políticas públicas; y en la generación de espacios de colaboración entre los diversos actores, particularmente entre las administraciones públicas, la sociedad civil y el sector privado, para co-diseñar y/o co-producir valor público”.

Al parecer la respuesta es que sí, tenemos esperanza, y sí, es posible trabajar para adecuar nuestra tan querida democracia a las exigencias de los ciudadanos del siglo XXI, pero para ello es necesario que gobierno y partidos políticos entiendan que no tienen la exclusividad en la toma de decisiones de los asuntos públicos y que deben rendir cuentas a quienes se deben, así como es imprescindible que los ciudadanos y ciudadanas se empoderen y comiencen a jugar un rol más activo en los procesos de elaboración, ejecución y control de las políticas. Así, entonces, desde dos espacios se estará empujando a la democracia a ser más abierta y más participativa, simplemente más democracia.

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Lisbeth Cordero García

Lic. en Estudios Políticos y Administrativos, mención Administración Pública, por la la Universidad Central de Venezuela. Ganadora del segundo lugar del Segundo Concurso Nacional sobre Derechos Humanos y de Juventud (2006). Egresada del Diplomado en Docencia Universitaria de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador en Venezuela (2017) y del curso Gestión de Proyectos de Desarrollo del BID (2017) . Coordinadora del programa Mujeres Emprendedoras , de la Asociación de Trabajadores Autónomos, Emprendedores y Microempresarios de Venezuela ATRAEM y Coordinadora del programa de atención permanente de la mujer trabajadora en la Junta Directiva Nacional. Twitter: @lisbethcordero

Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

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