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Ecuador, una radiografía política

Los 45 días de la campaña electoral nos presentó el siguiente escenario: dos debates presidenciales (Guayaquil y Quito), las encuestadoras indicando el primer lugar para Lenín Moreno y un segundo lugar en disputa (Guillermo Lasso y Cynthia Viteri) y, a vísperas de las elecciones el 19 de febrero, algunos sobres-bomba que llegaron a diversos personajes, sobre todo a mujeres periodistas, pero que empezó con la alarma en la Asamblea Nacional, cuando su presidenta Gabriela Rivadeneira (Alianza País), denunció la llegada de ese dispositivo a su despacho. Afortunadamente, nadie resultó afectado, y salvo las declaraciones de rechazo de Rafael Correa y algún otro político, no hubo mayor reacción de clase política ecuatoriana, ni de las organizaciones en general. Hay que añadir, además, que un factor que atravesó esta campaña, fueron los casos de corrupción contra el gobierno de turno, en particular, contra Jorge Glas, actual Vicepresidente y quien postula con Lenín Moreno al mismo cargo. El llamado caso “CAPAYA”, acrónimo de Carlos Pareja Yannuzzelli (ex directivo de Petroecuador), quien estuvo enviando videos, vía twitter, donde revelaba las formas no santas en que se tomaban decisiones y se manejaban los recursos económicos.

Y llegaba el votante con desafección política, o al menos ese fue el clima electoral que se vivió. Es decir, lejos nos encontrábamos del contexto electoral pre-correísta (2006) donde el peso de la expresión “que se vayan todos” situaba a los discursos anti-sistema, encarnado en Rafael Correa, como la alternativa para cambiar “radicalmente” los destinos del país. Esta vez no hubo un “anti” que cobre notoriedad ni que canalice las demandas. Hubo (hay), sí, cansancio, fastidio, enojo, molestia. Un cúmulo de afectos y desafectos políticos que no se tradujeron en patear el tablero sino en buscar una alternancia política pero sin que exista ese candidato que exprese una alternativa relevante. Ni siquiera el candidato socialdemócrata (Paco Moncayo), con un plan de gobierno bien pensado y trabajado, despertó las adhesiones a su proyecto, a diferencia de las militancias socialcristianas, que buscan encarnar el anti-correísmo con claros afanes revanchistas/personales pero que ello no se traduce necesariamente en el sentir de la mayoría electoral ecuatoriana.

Puede que resulte más posible identificar dónde nos encontramos, aunque es más desafiante e incierto saber hacia dónde vamos. Si abordamos la primera interrogante es inevitable no situarnos en un espacio político, social y económico más estable, que los convulsos tiempos del pre-correato. Otro factor, tiene que ver con las formas refundacionales que se impulsaron: desde el nuevo rol y retorno del Estado hasta las concepciones más vanguardistas del constitucionalismo latinoamericano como los derechos de la naturaleza. Todo esto plasmado en la Constitución de Montecristi, en el 2008. Los altos niveles de inversión pública que fueron de la mano con la bonanza económica por la venta de las materias primas, o el posicionamiento de Ecuador en el escenario internacional, sobre todo latinoamericano, donde se mostró como un actor dinamizador de las formas de integración latinoamericana en espacios convergentes como UNASUR, ALBA, CELAC.

Ese importante legado político-institucional vino con giros coyunturales que acentuaron los rasgos autoritarios de un correísmo que se asumió seguro, sea desde la perspectiva electoral (triunfo sobre el 50% en las dos últimas elecciones nacionales) como desde las fuertes adhesiones a la figura de Rafael Correa, de gravitante presencia en la vida política del país y al interior de su movimiento político.

Hubo puntos de inflexión, de no-retorno, en los últimos años. Dos aspectos se pueden relevar: uno, el aborto como bandera de lucha que generó fuertes tensiones en la interna del gobierno y que quedó terminada con la posición personal del mandatario (en contra del aborto y, posteriormente, acentuado políticas conservadoras en materia de salud sexual y reproductiva); y, dos, la decisión de explotar petróleo en la zona más biodiversa del país y la región: el Yasuní (afecta menos del “uno por mil” del área protegida, dijo el Gobierno). Recientemente, las concesiones mineras en la Amazonía han despertado una serie de protestas contra el Gobierno, y éste, como en los casos anteriormente citados, ha fortalecido su posición extractivista bajo el discurso de seguir financiando la infraestructura y garantizar la redistribución en las políticas sociales desplegadas.

Pero no son casos aislados. Se suman diversos desaciertos en el manejo político y con un acendrado discurso para no mostrar signos de debilidad, probablemente. Con posiciones inflexibles que, frente a diversos casos de corrupción, se iban reduciendo a casos específicos, no endémico. Así fortalecía su discurso el Gobierno. Si a ello se suman los escasos mecanismo de fiscalización sea en la Asamblea Nacional o en otras esferas del aparato estatal, se generó una oportunidad política que la oposición supo canalizar y amplificar. Todo esto siempre en la lógica gobiernista de polarizar, de subrayar posiciones binarias (bueno/malo) y sugerir conspiracionismos de la “restauración conservadora”. La nula capacidad del gobierno para procesar sus conflictos políticos y las acuciantes denuncias por corrupción terminó deslegitimando su presencia como actor político y moral. Y quienes tuvieron evidencias de ser políticos de dudosa reputación se reposicionan como alternativa, se fortalecen. De otra parte, las organizaciones sociales no recuperan su rol dinamizador en la coyuntura política, sienten la encrucijada entre un gobierno redistributivo pero autoritario y la necesidad de un cambio, que no sea la derecha (pero que se reposiciona frente al electorado).

Y ahora vamos de la mano no solamente con la incertidumbre de una segunda vuelta (al momento en que se difunde este artículo) si no con un escenario económico que nos va a conducir a la aplicación de ajustes. Los planes de gobierno de los ocho candidatos a la presidencia no en vano revelan el importante peso al campo económico que le han dedicado. Las propuestas de la mayoría de candidatos apuestan por abrir los mercados o, en las palabras del candidato Guillermo Lasso (banquero), “más Ecuador en el mundo, más mundo en el Ecuador”. El oficialismo asegura la continuidad, y ese sería en general la oferta electoral para este período 2017-2021. No existen variaciones sustantivas ni temas para politizar en el plan de gobierno de la fórmula Moreno-Glas. Mientras que el resto de candidatos afianzan sus propuestas en cambiar radical o moderadamente no solamente en el campo económico sino en reducir el hiperpresidencialismo y realizar diversos ajustes en lo institucional.

En caso de existir una segunda vuelta, esos son los dos escenarios: el oficialismo con el voto duro del 30% y el aseguramiento y continuidad de sus políticas y el aperturismo al libre mercado y una reducción del rol del Estado, en la oferta de Lasso. Este último le daríá otro giro a la economía y Páez, su beligerante Vicepresidente, probablemente impulse la hiper-fiscalización contra el gobierno saliente, el “gobierno más corrupto en la historia del país”, como manifestó. Finalmente, el resto de actores políticos se re-ubicarían en un posible escenario de gobierno con Lasso a la cabeza, pero resultará interesante saber de qué manera asumirán su papel las organizaciones y colectivos de la centro-izquierda que se aglutinaron en la candidatura de Paco Moncayo (que hasta el momento obtienen el 6.83% de los votos). E incluso, de pasar a una segunda vuelta, ¿pedirán el voto para el banquero a fin de terminar con el ciclo correísta, el ciclo del “despilfarro”? Y es una pregunta que se traslada también al resto de organizaciones políticas que han obtenido menos del 4% de los votos. Cynthia Viteri (Partido Social Cristiano) adelantó que apoyará a Lasso, un respaldo a tomar en cuenta ya que obtiene, hasta este momento, el 16.17% de los votos. ¿Se logrará la unidad de la oposición en una posible segunda vuelta, lo que no pudo lograrse para los tiempos de campaña electoral?

Pero, en caso no existe segunda vuelta ¿cuál será el escenario?. En Ecuador, para ganar una elección, se necesitan dos cosas: obtener al menos el 40% de los votos y una diferencia mayor a diez puntos porcentuales sobre el segundo (Art. 161. Código de la Democracia). Si la fórmula Moreno-Glas supera esas dos condiciones, no habrá segunda vuelta. Desde la oposición ya se enfatiza el discurso que sí habrá segunda vuelta y muchos simpatizantes de la Alianza CREO-SUMA (Lasso-Páez) se encuentran en los exteriores del Consejo Nacional Electoral, con ánimos crispados (como se puede ver en las redes sociales). E, incluso, hasta se corrió el fuerte rumor de que un sector de las Fuerzas Armadas se había sublevado frente a la coyuntura política que se vive. Sin embargo, un comunicado oficial del Ministerio de Defensa y del Comando Conjunto desmintieron las versiones circuladas.

Hay tensa espera.

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Carlos Flores

Carlos es peruano, Licenciado en Ciencias de la Comunicación (Lima, Perú) y Máster en Ciencias Políticas (FLACSO Ecuador). Actualmente, impulsa la plataforma web "Ojo al dato" y es asistente en el proyecto Mucho con Poco de Asuntos del Sur | Tw: @carlos_e_flores

Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

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