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El paro y la batalla de las narrativas

Las consecuencias del paro general de trabajadores llevado a cabo la semana pasada en Argentina, contextualizado por las manifestaciones masivas recientes, son difíciles de prever. En primer lugar, porque se trata de una táctica política tradicional, frente a un gobierno que tiene escasos componentes de la política tradicional. Para el amplio, nebuloso y heterogéneo campo nacional, popular o de izquierda, el PRO es una máquina hermética e indescifrable, un acertijo difícil de resolver.

Una de las múltiples innovaciones de Néstor Kirchner allá por el 2003 fue llevar sus conflictos políticos al micrófono público. Cuando se enfrentó a la Corte Suprema, cuando interpeló a distintos oponentes, como Clarín y Magnetto, la “oligarquía”, el Presidente Bush, etcétera, llevó sus argumentos a la escena pública, obligando de cierta forma a la ciudadanía a involucrarse, a prestar atención a estos temas. La maquinaria PRO tomó nota de este procedimiento y hoy lo repite en sentido inverso, creando sus propios antagonistas: los docentes, los sindicatos, los trabajadores, “el kirchnerismo” (uno de sus antagonistas predilectos) y en general todo lo relativo al universo popular (el choripán, el colectivo, la movilización, el movimiento obrero organizado, la lucha por los derechos, el salario digno, y una larga lista de etcéteras).

Pero, mientras en las gestiones anteriores los sectores confrontados gozaban de un derecho a réplica (de facto, muchas veces, por tratarse de grandes medios de comunicación y sus amigos poderosos), en la gestión actual resulta una pantomima de diálogo, donde el gobierno habla desde los medios oficiales y la respuesta de los sectores dominados son silenciados y reescritos por los medios privados, que son aliados del partido gobernante. Este nuevo relato o narrativa prescribe entonces un enemigo belicoso, agresivo en su número y en sus modos, es decir, reconstruye cuanti y cualitativamente un otro que históricamente cargó con estigmas y fue chivo expiatorio, porque la condición del oprimido no sólo se entabla al ser víctima de su opresor, lo es también y sobre todo como fuente o culpable de la opresión de la que es objeto.

Bienvenida entonces la imagen del paro (morigerada obedientemente por sus líderes en tanto voceros oficiales del sector —“este paro no es contra nadie”, “no es cierto que el presidente fuera ofensivo con su mensaje”), se monta sobre ella un “operativo doblaje” en donde las voces de los “periodistas” sustituyen, hablan encima de, las voces silenciadas de los trabajadores, como se vio en las movilizaciones recientes. Y lo que dicen es un parlamento a todas luces funcional al discurso oficialista. Este paro, en consecuencia, no será la excepción. Las voces auténticas sólo serán tomadas y replicadas por las cadenas comunicacionales del circuito opositor, minoritarias en alcance e impacto, reforzando la endogamia y protegiendo, de este modo, al grueso del electorado independiente, que es a quien debe principalmente interpelar y atraer. Este electorado independiente, que dicho rápido puede equipararse grosso modo con un sector de clase media o clase media baja, acostumbrado a sus derechos pero vulnerable a la caída en la frágil escalera de ascenso social, que da por sentado lo que no tiene y desprecia lo que se le dio, el sector pequeñoburgués que en toda la historia universal se alía con el poderoso para retrasar o entorpecer o lisa y llanamente acabar con las revoluciones, este es el sector que hoy en día posee la capacidad de dictar sentencia, como un jurado en un juicio entre dos partes que guardan particular asimetría. Su silencio es oro para el opresor y látigo del oprimido, y es por eso menester abrir sus ojos a su propia condición de siervo amante de sus cadenas. Pero esto no va a suceder en tanto y en cuanto se mantenga el panorama actual de los flujos comunicacionales disponibles.

En este contexto, existen tres escenarios posibles a partir del paro. Una posibilidad sería que nada cambie, que las relaciones de fuerza sigan en la misma tensión que hasta ahora, con más paros y movilizaciones y la misma respuesta indolente de los gobernantes. No es una situación sustentable en el tiempo, aunque podría prolongarse lo suficiente. Esta situación derivará en última instancia en una de dos variantes posibles: o bien se doblega al movimiento obrero organizado, constituyendo una victoria bastante decisiva de los sectores dominantes y garantizando una rápida destrucción del tejido social y cultural, por no decir económico y político. El otro escenario posible, si el movimiento obrero organizado se negara a doblegarse, consistiría en un estallido social, posiblemente con sectores civiles armados para la ocasión. En este escenario, el gobierno (nacional, provincial, metropolitano) tendría el justificativo perfecto para ejecutar “por derecha” lo que la Teoría de los Dos Demonios adscribe como “lo que se hizo mal”, es decir, saltear el Estado de Derecho. En este escenario, entonces, se vislumbra una salvaje represión, persecución política, juicios sumarios y cárceles repletas de líderes políticos hasta el año 2090. De más está decir que en esta situación, el estigma de ser un revolucionario quedaría fijado para siempre, y la obediencia al régimen sería casi total. Un escenario, como denominan los manuales de guerra del ejército estadounidense, BNW (Brave New World, Un mundo feliz, por la novela de Aldous Huxley).

Como se ve, en esta coyuntura el objetivo del gobierno no consiste en una competencia cuantitativa de manifestantes, ni siquiera le preocupa ganar las calles (desde su lectura, las calles son de los gendarmes, de las fuerzas policiales): la bandera que desean capturar se encuentra en el campo de la narrativa, tal es el locus de su batalla. Si los acontecimientos son susceptibles de ser moldeados para ajustarse a su narrativa, sin interrumpir o amenazar su fluidez, su continuidad, entonces gana, y cada nuevo input del enemigo es una oportunidad de golpearlo, debilitarlo, atacarlo. A juzgar por los titulares posteriores al paro, la élite gobernante estaría logrando esa continuidad fluida, “endureciendo” su “posición” contra los sindicatos y adscribiendo el paro a su narrativa, como hito y catalizador de “transformación”. De este modo, se posiciona para las elecciones de medio término de este año antagonizando fuertemente con aquellos actores que históricamente cuentan con poca credibilidad entre los sectores medios o votantes independientes.

En este difícil tablero, el campo popular necesita establecer sus estrategias y diseñar acciones y escenarios que interrumpan este flujo y, en lo sucesivo, le permitan rearmarse, fortalecerse, recuperar terreno para, al fin, empezar a revertir el marcador.  

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Florencia Benson

Lic. en Sociología (UBA), especialista en comunicación política. Es también autora de libros de narrativa y poesía.

Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

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