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Elecciones Legislativas y Presidenciales del Perú 2016: una primer análisis

Este pasado 10 de abril se celebraron las elecciones presidenciales y legislativas en el Perú. Como se esperaba, la candidata por Fuerza Popular, Keiko Fujimori, resultó la receptora de mayor cantidad de votos, alcanzando al momento de este escrito (un escrutinio al 82’6%), un porcentaje en torno al 39% de los mismos.

Será acompañada, aparentemente, por Pedro Pablo Kuczinsky (también conocido como PPK), con un 22’11% de los votos y líder del partido de derecha liberal Peruanos Por el Kambio. En tercer lugar se situó Verónika Mendoza (Frente Amplio), joven líder de la izquierda y que obtuvo un mejor resultado de lo que meses atrás se vaticinaba, aupándose a un meritorio 18’27% de los votos y reforzándose como futuro actor político a considerar.

Posteriormente, debiera destacarse el descalabro de dos ex-presidentes: Alan García y Alejandro Toledo, quienes concurrían por cuarta ocasión a unos comicios presidenciales. En el caso de Alan García, la misma noche electoral pronunció un discurso donde sugería su retirada de la política y la necesaria renovación del tradicional Partido Aprista Peruano (APRA), uno de los pocos partidos tradicionales que sobreviven con cierta fuerza electoral en el país, tras el colapso del sistema de partidos en los 90. En todo caso, su retirada no debiera darse por segura aunque obtuviera un quinto lugar con apenas el 5’92% de los votos presidenciales.

Asimismo, Alejandro Toledo, junto a su partido Perú Posible alcanzó un muy escaso 1’29% de los sufragios, lo que aunado a su debilidad partidaria al no lograr superar la valla electoral del 5%, dibuja un oscuro escenario para su facción.

Fuera de estos resultados estadísticos, habrían de hacerse ciertas consideraciones en clave presidencial.

1- Por un lado, destacó la fuerza lograda por Keiko Fujimori, quien al menos en esta primera vuelta no se vio notablemente afectada por las marchas y denuncias que en parte de la sociedad civil peruana se produjeron en fechas previas al 10 de abril. Ciertamente cuenta con un importante anti-voto por el recuerdo de su padre, Alberto Fujimori, quien a lo largo de la década de los 90 desempeñó un gobierno autoritario y contrario al orden democrático y liberal que constitucionalmente regía en el país. En todo caso, la agenda electoral de Keiko en los últimos años ha tratado de mostrar moderación e incluso ruptura con algunos de los peores sucesos del ejecutivo paterno, además de tener la virtud de verse asociada a una imagen de política dura y eficaz contra la delincuencia, no muy elevada en términos latinoamericanos, pero sí percibida como muy alta por la población en mayores cotas que países vecinos de mayor inseguridad.

2- Es posible que los deseos de Kenji Fujimori, hermano menor de Keiko y diputado electo con la mayor cantidad de votos, de que la contienda presidencial se decidiera entre su partido y el Frente Amplio de Verónika Mendoza, respondiera a una realidad que los estudios pre-electorales venían mostrado: PPK sería el contendiente de mayores posibilidades a la hora de ganar las presidenciales ante el fujimorismo. Se trata de un candidato de carisma tecnocrático, financiero y fuerte en las ciudades, especialmente Lima y Arequipa. No destaca por un discurso extremo, aunque su agenda económica guarde fuertes semejanzas con el fujimorismo. Si el anti-fujimorismo se moviliza, puede ser un candidato con pocos defectos para recibirlo, por mucho que en los comicios de 2011 mostrara su apoyo a Keiko.

3- No debiera pasarse por alto la descalificación de Julio Guzmán y César Acuña. Ambos candidatos presidenciales contaban con intenciones de voto considerables, especialmente el primero de ellos, quien parecía dibujar una clara tendencia a ser el contendiente de Keiko Fujimori el 5 de junio. Sin embargo, la autoridad electoral (JNE) peruana estimó las denuncias emergidas contra ellos, siendo la irregularidad en la nominación partidaria en el caso de Guzmán y de compra de votos y falsificación curricular en el caso de Acuña. Tal decisión generó críticas tanto dentro como fuera del país, considerándose que el derecho a la participación en la política era subestimado.

En todo caso, pareciera que ha sido PPK el gran beneficiario de esta decisión, logrando una capacidad de voto por encima de lo estimado y rompiendo la tendencia a la baja que mostraba hasta la salida de estos candidatos.

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Por otro lado, estas elecciones concurrentes también supusieron la designación de los diputados congresuales, resultando claramente ganadora la bancada fujimorista, ya que las proyecciones les otorgan unos 68 de los 130 miembros del Congreso al 42% escrutado. Esta mayoría absoluta sería seguida de Peruanos por el Kambio (PPK) con unos 20 escaños, al igual que el Frente Amplio de Mendoza; Alianza por el Progreso (César Acuña) obtendría 12; Alianza Popular (Alan García) 5 y Acción Popular (Barnechea) 5. Nótese que la fuerza política del aún presidente de la república (Partido Nacionalista Peruano) no solo no ha obtenido representación parlamentaria, sino que además no llegó a presentar candidatura presidencial, reflejando una manifiesta debilidad parlamentaria y partidaria por parte de Ollanta Humala en el último tramo de su mandato.

Esto denotará claramente una tendencia dominante del fujimorismo, independientemente de quien se alce con la victoria presidencial el próximo 5 de junio y una aparente continuación en la política económica de marcado carácter liberal y pro-mercado, seguida desde comienzos de los 90.

Asimismo, supone una cierta novedad en el Perú del siglo XXI, donde ha primado una elevada fragmentación partidaria y los presidentes han sido víctimas en este sentido, contando con débiles apoyos parlamentarios, especialmente si se refiere únicamente al grupo oficialista. Por tanto, en caso de resultar elegida Keiko Fujimori como presidenta, esto supondría una relativa novedad, aunque en el país se tienda a desplegar una baja cohesión de membresía en los grupos parlamentarios, siendo el transfuguismo relativamente alto y la generación de alianzas pro-oficialistas según avance el quinquenio presidencial, tendente a la baja.

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A ello debiera sumarse que el desempeño partidario a largo plazo hace que en ocasiones se tilde al Perú como un sistema presidencial ‘sin partidos políticos’ por expertos como Martín Tanaka o Fernando Tuesta entre otros. La debilidad de los partidos para obtener representación en todo el territorio; la dependencia de fuertes personalismos para su conducción y desempeño electoral o la baja duración en el tiempo, llevan a que en el terreno electoral a menudo se esperen outsiders o contendientes de fuera de la política con capacidad de obtener grandes réditos de una clase política desprestigiada, corrupta y frecuentemente con grandes errores a la hora de mantener unidas sus propias agrupaciones políticas.

Finalmente, como se mencionó anteriormente, la posible retirada de Alan García, Alejandro Toledo y la desaparición del Humalismo-Nacionalismo dibujan un nuevo escenario en el Perú, especialmente si la candidata fujimorista se hace con la presidencia el próximo 5 de junio. El sistema de partidos, más allá del fujimorismo y quizá del Frente Amplio, no parece estabilizarse, además de la necesaria renovación de líderes en las demás facciones.

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Ignacio García Marín

Candidato a Doctor por el Instituto Ortega y Gasset (España) y actualmente realiza una estancia de investigación en El Colegio de México (México), tras haber pasado por el CISEPA de la Pontificia Universidad Católica del Perú | Tw: @nacho_garcia_ma

Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

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