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Entre la espada y la pared: Elecciones Presidenciales en EEUU 2016

El filósofo mediático Slavoj Zizek hace poco tiempo dijo que él votaría por Donald Trump en las elecciones de EEUU de 2016 si fuera ciudadano norteamericano. Sólo alguien que tiene interés en decir cosas escandalosas se atrevería a decir que votaría por el candidato que más se acerca a la ideología fascista en los últimos cien años en la política estadounidense. Hay que ser un miembro de la elite europea para poder decir tal barbaridad. Para los latinos en Estados Unidos, la posibilidad de que gane Trump nos aterroriza un sinfín.

La realidad de estas elecciones es que estamos entre la pared y la espada. Esto se debe a la crisis democrática que ha existido en EEUU desde prácticamente los inicios del siglo XX. Estados Unidos, fundamentalmente, no es una democracia. Es un sistema plutocrático y oligárquico con pocas opciones electorales y muy bajos niveles de participación popular en la política nacional. Las elites políticas de ambos partidos principales, el Demócrata y el Republicano, se consolidaron apenas terminó la primera guerra mundial. Woodrow Wilson, un presidente Demócrata generalmente admirado por la ciudadanía norteamericana, debemos recordar, tenía lazos con el Ku Klux Klan. Del otro lado, al respetado Republicano Teddy Roosevelt lo podemos recordar como el padre del imperialismo norteamericano, por sus acciones en América Latina, como la ocupación militar de Cuba, Haití, y la República Dominicana. Como solía decir, "habla suavemente y lleva un gran garrote, así llegarás lejos". El Gran Garrote ha sido desde entonces el instrumento político preferido de los dos partidos principales del país del norte.

Zizek tal vez tenga razón de que si triunfa Trump, el sistema político de EEUU se alteraría. No creo que sea así, puesto que Trump en muchos sentidos siempre ha sido parte del ‘establishment’ neoyorquino desde su nacimiento, pasando por los años ‘80, y culminando en su celebridad mediática de los últimos años. Nació millonario. No es un personaje de los márgenes de la sociedad que aparece de la nada para desestabilizar un sistema corrupto. Es un hombre corrupto, racista, oportunista y, más que nada, totalmente ensimismado. Diría cualquier cosa para salir en los medios de comunicación. Lo único que le interesa es su propio poder personal. Ni siquiera realmente cree en su slogan “Hagamos que EEUU sea una Gran Nación de Nuevo”. Trump es un regreso a la política de los años ‘80. Es el ‘bully’ Biff Tannen de la película “Regreso al Futuro”: una mezcla mezquina de Gordon Gekko, Ronald Reagan y Rambo.

Para los latinos en EEUU, un presidente Trump sería la hecatombe. Trump decidió desde el principio de su campaña a amenazar a los inmigrantes latinos, sobre todo de México, llamándolos violadores, criminales y asesinos. Ese insulto a la comunidad mexicana es un insulto a todos los latinos y latinoamericanos. Trump insistió con el tema con el caso del juez Gonzalo Curiel, nacido en EEEUU pero que Trump acusa de ser incapaz de ejercer su oficio por su raza y etnicidad. Con ese comentario, los latinos en EEUU nos dimos cuenta que si gana Trump, una gran parte de la población norteamericana blanca empezará a insultar, menospreciar y discriminar a los latinos abiertamente. Hasta ahora, por lo general, lo hacen de una manera más sutil.

Por otro lado, Hillary Clinton no es la gran salvación. Es parte de una maquinaria política oligárquica que es prácticamente una dinastía. Tiene lazos muy estrechos con las elites y círculos secretos de Wall Street, heredados de su esposo Bill Clinton. Y como canciller de los EEUU, estuvo profundamente involucrada en las guerras imperialistas en Afganistán, Pakistán, Yemen, Somalia, Irak y Libia, entre otras. Y es verdad que por lo general, los grupos minoritarios como los afro-americanos y los ‘hispanos’ han sido ignorados por las elites del Partido Demócrata. No es una candidata progresista, a pesar de haber tenido que ceder en algunos temas por la presión del socialista Bernie Sanders, que ahora se encuentra fuera de lugar en el campo de juego de su partido político.

¿Qué significa todo esto? Significa dos cosas. Una es que hay que reconocer por fin que EEUU no es una ‘’gran democracia’’ como se autodenomina todo el tiempo. Es más, simplemente no es una democracia. Aparte de ser una plutocracia, no existen alternativas políticas. Solamente existen dos partidos. Dos no es mucho más que uno, que es el sistema que caracteriza países autoritarios como la China. Los medios de comunicación en gran parte han creado el fenómeno Trump, y eso ha hecho que un porcentaje alto de la población norteamericana, que es de poca educación y de mucho resentimiento racial, se levante en contra de las otras razas. Lo segundo es que la gente en Bolivia debería estar orgullosa de tener un sistema político mucho más democrático que el de EEUU. Obviamente hay muchas deficiencias, pero el sistema actual boliviano desde 2006 es un ejemplo democrático a nivel mundial. Participación de mujeres y grupos étnicos históricamente discriminados, un presidente indígena de origen popular, elecciones frecuentes y libres, y la existencia de varios partidos políticos son elementos democráticos importantes. Se necesita fortalecer la libertad de expresión y la separación de poderes, pero Bolivia puede enseñarle muchas cosas en el ámbito democrático al país del norte.

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Diego von Vacano

Diego von Vacano, Catedrático en Ciencias Políticas en la Universidad de Texas A&M. Nacido en La Paz, Bolivia. Estudió en Harvard y Princeton. Autor de dos libros, "El arte del poder" (Art of Power) y "El color de la ciudadanía" (The Color of Citizenship") | Tw: @diegovonvacano

Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

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