CERRAR X

CONTÁCTENOS

Gracias! Nos pondremos en contacto.

Oops! Tente novamente

Jornadas Bolivarianas – los rumbos de la crisis en América Latina

Por tres días enteros, investigadores de Brasil, Argentina, Colombia y Ecuador han discutido la realidad de América Latina, el cual vive ahora una nueva ola conservadora. La situación de Brasil terminó siendo el foco de atención debido al “golpe blando” que está en curso, pero como siempre sucede en esos días de debates, los conferencistas siempre van más allá de las apariencias y hablan en profundidad del sistema capitalista que es, en última instancia, el generador de crisis y conflictos.

En general observaron todos los conferencistas que en los últimos 15 años hubo cambios significativos en la política de América Latina. Había una fuerte ola progresista, aunque este término tiene que ser teñido, ya que cada país tiene su especificidad y las transformaciones fueran vividas de manera diferente, con algunos de ellos avanzando más en las transformaciones que otros. Así, el término “progresista” acaba siendo insuficiente para explicar lo que ocurrió en cada lugar, lo que requiere una mirada más aguda en las realidades.

Venezuela fue sin duda el país más avanzado en la transformación, con una propuesta clara anticapitalista, anti-sistémica y revolucionaria. Los logros populares fueran más profundas y hubo una importante participación popular de refuerzo. La llamada “revolución bolivariana” fue lo único que, de hecho, tocó fuertemente los intereses de la élite y la burguesía local, provocando así una reacción virulenta y sistemática por parte de estos segmentos. Y por eso mismo ha sido bastante difícil de mantener al país en el camino del socialismo. La muerte de Hugo Chávez, a su vez, ha arrancado de la revolución su fuerza más carismática y ahora con Maduro, es cada vez más difícil seguir adelante.

Bolivia es otro país que ha logrado – con grandes limitaciones – hacer cambios significativos. A pesar de no haber apuntado hacia el camino al socialismo, desde la primera elección de Evo Morales ha mantenido un ataque sistemático contra el imperialismo de Estados Unidos, al igual que Venezuela. Evo también fue capaz de recuperar algo de control sobre los recursos naturales, reducir las tasas de pobreza y cambiar radicalmente la posición de la sociedad indígena. A pesar de permanecer bajo el capitalismo, la “revolución cultural” ha dado otra cara al país.

Sin embargo, otros países como Paraguay, Uruguay, Nicaragua y Ecuador lograron elegir a presidentes más a la izquierda, aunque no tengan cambiado significativamente las relaciones de poder dentro de sus áreas geográficas. El gobierno de Paraguay, sólo por tratar de manipular con la intrincada cuestión de las tierras, terminó siendo víctima de un golpe de estado legislativo, lo que resultó en la caída del presidente Fernando Lugo. Incluso Ecuador, que ha avanzado más – con la realización de la auditoría de la deuda y la creación de nueva constitución – no pudo deshacerse de las garras de las empresas petroleras y mineras, con Rafael Correa llamando de “enemigos” a los indígenas y ambientalistas.

Brasil y Argentina estarían dentro del alcance de los países que han avanzado menos en la onda “progresiva”. Argentina aún ha logrado enfrentar el monopolio de los medios, pero Brasil, ni siquiera eso. A lo sumo, Lula y Dilma hicieran trabajo de reducción de daños, con la inversión en programas sociales que, siendo inexistente en los gobiernos anteriores, pasaran a tener mucha importancia para la gente más pobre. La bolsa familiar, de hecho, a pesar de representar casi nada en el presupuesto, ha sacado más de 40 millones de personas del hambre crónica, las cuotas llevaron negros, indios y pobres a las universidades y la política de vivienda ha garantizado un hogar a millones de familias. A pesar de todo esto, la clase dominante en cada uno de los dos países continuó controlando la vida y por eso regresó al poder en Argentina, y ahora aplica, con éxito, un golpe en Brasil.

El ataque del conservadurismo latinoamericano en cada una de estas experiencias no es aislado del proceso de re-acomodación del mundo del poder dentro del capitalismo. Una renovada “guerra caliente” en la disputa por el poder global mueve sus piezas en el tablero de la geopolítica. Estados Unidos tratando de mantener su poder imperial, Rusia y China con la creación de un eje de contrapunto, y en medio de esa pelea de gigantes está la periferia del capital tratando de encontrar una manera autónoma para seguir, algo que no es fácil.

El neoliberalismo, que en los años 80 y 90 del siglo XX lanzó sus patas sobre América Latina, buscando nueva conformación colonial fue, sin duda, lo que llevó a los movimientos sociales a un avance de lucha. Todo esto fue el caldo para la conformación de esta ola de gobiernos más en sintonía con las demandas de la gente. Por otra parte, la llegada a los gobiernos, con partidos más alineados con las luchas, terminó produciendo una cierta comodidad entre los trabajadores y los movimientos sociales. Muchos líderes han sido llamados para el gobierno y comenzó una época de domesticación. Venezuela y Bolivia fueron los menos afectados por ella. El primer porque creó un fuerte aparato de participación popular y el segundo porque tiene en su práctica, en su ethos cultural, la práctica de la rebelión. Pero en otros países, muchos han sido los daños causados ​​por esa acomodación.

En Brasil, la apatía de los sindicatos y de los movimientos sociales delante de la conciliación de clases promovida por el gobierno del PT, sólo ahora, con el golpe, comienza a desaparecer. Dada la inestabilidad política creada con la aceptación del pedido de impedimento de  la presidenta Dilma las personas comienzan de nuevo a levantarse en lucha. Ellos saben que el regreso de la derecha al poder tradicional puede ser más catastrófico y así, han tratado de tomar las calles para detener el golpe. Por otra parte, el tejido tramado por la derecha brasileña, que controla el Congreso y el poder judicial, muestra que, inevitablemente, se finalizará el golpe, con el PT fuera del gobierno, con el vice, Temer, del PMDB, arribando al poder ya plenamente comprometida con una agenda conservadora. Su “puente hacia el futuro” – como dice –  señala claramente que este cruce será exclusivo para la clase dominante.

La ofensiva del capital en América Latina está muy bien definida en el contexto de todos estos reajustes globales. La llamada “periferia” del sistema – en su versión americana – vuelve a ser espacio de controversias entre las fuerzas imperiales, cada una queriendo aumentar su “papilla”. Le corresponde entonces a los movimientos sociales, sindicatos y partidos políticos la batalla, para impedir cualquier intento de revertir las conquistas. Esto no va a ser una cosa fácil. En cada país, las estrategias y las tácticas serán diferentes, teniendo en cuenta las especificidades de cada uno de ellos, pero no hay otra alternativa que el camino de la lucha.

El capitalismo tiene muy sólido su axioma: para que uno viva, otro debe morir. Y es lo que ha sido en esos más de 300 años. En este caso, los que mueren son los que están en la periferia del sistema. Las personas a quienes no se permite ningún respiro. Aun así, la fuerza de las luchas puede cambiar este juego. No es sin razón que Cuba sigue resistiendo desde 1952 y que los venezolanos siguen defendiendo sus logros garantizados por la revolución bolivariana.

Para nosotros, en Brasil, esto parece ser la única manera. Resistir, luchar, organizar y seguir adelante. Los cambios sociales no se deben al azar, conspiraciones cósmicas o bendiciones de un “padre”. Son construcciones colectivas de un sujeto político, 

VOLVER A LISTADO
Más opiniones de

Elaine Tavares

Periodista del Instituto de Estudios Latinoamericanos/UFSC | Tw: @eteia

Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

Más opiniones deste autor