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Kuczynski presidente, Keiko convaleciente

Procesadas ya las actas al 97’8% con datos de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) todo indica que Pedro Pablo Kuczynski (PPK) de Peruanos por el Kambio ha ganado la segunda vuelta presidencial ante Keiko Fujimori de Fuerza Popular, por un muy estrecho margen: 50.156% ante 49.844%. O, lo que es lo mismo, una diferencia de apenas 61.000 votos sobre un total de 17 millones de votos emitidos. Es la elección presidencial más reñida desde 1991,cuando entonces Alberto Fujimori se impuso a Mario Vargas Llosa.

Esto reflejaría dos claras conclusiones:

1- en primer lugar, la evidente división que existe en el electorado peruano sobre el que ha sido el principal eje de la política del país en las últimas décadas: fujimorismo contra anti-fujimorismo. En este sentido, este patrón se mantiene una elección más, repitiendo la dinámica de las elecciones de 2011, cuando Ollanta Humala fue capaz de imponerse a Keiko atrayendo nuevamente el voto anti-fujimorista. Valgan de muestra las manifestaciones que se produjeron días antes de las elecciones, o las numerosas adhesiones que PPK obtuvo por parte de destacadas figuras de la política peruana, como Acuña, Guzmán, Verónika Mendoza y Lourdes Flores entre otros. Estos apoyos, no obstante, fueron puntuales y ceñidos estrictamente a impedir que Keiko alcanzara la presidencia.

2- en segundo lugar, la fuerza que el fujimorismo sigue mostrando en la sociedad. Esto resultó notorio ya en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, donde Keiko obtuvo un sorprendente 39’86% de los votos, casi doblando a su futuro contendiente: PPK con el 21’05%. Pero, además, un dato que no debiera pasarse por alto: la mayoría congresual con que contará Fuerza Popular, obteniendo 73 de los 130 escaños. Es decir, el fujimorismo ostentará una mayoría absoluta en el Legislativo unicameral del país, además de ser el único grupo parlamentario con cierta unidad de acción y escaso transfuguismo, especialmente si se le compara con las demás agrupaciones parlamentarias del país. Si de partidos políticos en el país debiera hablarse, quizá Fuerza Popular sea el único partido mínimamente estructurado, organizado y estable que existe en el país en estos momentos.

Por tanto, sea PPK o no finalmente el presidente saliente de esta segunda vuelta, la agenda política del país girará en buena media a través de Fuerza Popular.

Ahora bien, a este respecto debieran destacarse las divisiones internas existentes en esta agrupación, y que responden en buena medida a la figura de Alberto Fujimori, Presidente de la República durante la década de los años 90 y que se caracterizó por un creciente autoritarismo, corrupción e irrespeto a las minorías. Sin embargo, y a pesar de este bagaje no democrático, puso las bases de la economía peruana de hoy, mantuvo una efectiva política anti-terrorista y alberga aún un aura en ciertos sectores de la sociedad peruana de adalid contra la violencia, tema siempre candente en la política latinoamericana.

Esta doble lectura sobre su gobierno ha empujado por un lado a su hija Keiko a distanciarse cuando no condenar, ciertas actitudes de su padre, caso de las esterilizaciones forzosas a miles de mujeres indígenas, o del golpe de Estado de 1993. La propia posibilidad de que promoviera la liberación de su padre preso, ha sido un tema de debate en la campaña electoral, hecho que ella misma negó en reiteradas ocasiones. Esto le permitió durante los últimos años, especialmente en la campaña electoral, promover una imagen de moderación y búsqueda del centro que desalentara a los anti-fujimoristas de movilizarse y organizarse en torno a una alternativa. Política que no obstante, como muestra el crecimiento electoral de PPK (en torno al 30% con respecto a la primera vuelta), especialmente en la última semana, no fue del todo efectiva.

Sin embargo, esto a su vez le enfrentó con las bases y líderes más conservadores del país, que incluso niegan críticas al gobierno de Alberto Fujimori y que se destacan por una clara ideología reaccionaria y discutiblemente democrática. Si hubiera de buscarse una cabeza visible a esta facción, podría identificarse al propio hermano de Keiko: Kenji Fujimori, el cual ni siquiera votó por su hermana en la decisiva segunda vuelta y que ya se postula para las futuras elecciones de 2021. Este dominio de los Fujimori en el partido revela a su vez el carácter familiar de la agrupación, acrecentado por el voto duro o estable que mantienen en la sociedad peruana, pasando en los últimos años de un 20% a un 30%, lo que les garantiza un rol protagonista en la arena política del país.

En todo caso, la victoria de uno u otro candidato no hubiera despertado excesivas diferencias en algunas áreas, como la económica. Aunque es posible que PPK desempeñe una política más genuinamente liberal en la economía y menos tendente al clientelismo, lo cierto es que salvo el izquierdista pero minoritario Frente Amplio, el consenso en torno a la liberalización económica es grande, incluyendo a la opinión pública a este respecto. Diferente hubieran sido los derechos y reconocimiento a las minorías sexuales, como el aborto, el matrimonio para parejas homosexuales o una política pública en pos de la igualdad de trato y respeto. Aquí sin duda habría diferencias, pues aunque PPK mantenga una política conservadora y donde se esperarían escasos cambios en la ya tradicional legislación peruana, el fujimorismo se ha destacado por graves manifestaciones sobre la homosexualidad y el aborto, lanzando proclamas más propias de otro siglo. Asimismo, en materia internacional ambos han mostrado una actitud favorable a la llegada de inversiones extranjeras así como de un rechazo rotundo en torno a los sucesos que se vienen dando en Venezuela durante el gobierno de Maduro.

No obstante, a este respecto sería deseable destacar el apuntalamiento que se estaría dando al cambio de ciclo político en América Latina, con la victoria de un candidato conservador (sea PPK o Keiko) tras la salida de Ollanta Humala, aupado por el Partido Nacionalista Peruano (PNP) y del que se presumía cierta ideología de izquierda, aunque su gestión en el gobierno mostrara amplia identificación con una política económica liberal-conservadora.

Finalmente, debiera subrayarse la debilidad parlamentaria con la que contará el nuevo presidente de la República, acentuada por la mencionada mayoría congresual del fujimorismo pero que además llegará al poder con una cantidad de votos recibidos por suponer la alternativa a Keiko y no tanto por su propia candidatura. Por ello, Kuczynski aparentemente será otro nuevo presidente peruano con debilidad parlamentaria, escaso apoyo social y creciente desgaste a lo largo del quinquenio, siguiendo el ejemplo de Toledo (2001-2006); Alan García (2006-2011) y el saliente Humala (2011-2016).

Todo ello, eso sí, en una sociedad peruana que ya no es la misma de los años 90 y que ha vuelto a demostrar aunque por la mínima, que no quiere presidentes que puedan desempeñar políticas autoritarias y reaccionarias contra parte de sus propios ciudadanos.

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Ignacio García Marín

Candidato a Doctor por el Instituto Ortega y Gasset (España) y actualmente realiza una estancia de investigación en El Colegio de México (México), tras haber pasado por el CISEPA de la Pontificia Universidad Católica del Perú | Tw: @nacho_garcia_ma

Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

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