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La dolorosa resistencia de los Guarani Kaiowá

El otro día he visto el video en el cual una terrateniente del estado de Mato Grosso do Sul, Brasil, decía que su familia era la dueña de aquellas tierras porque fueron sus “desbravadores”. Un testimonio raro, pues, en él, la señora misma hacía la afirmación de que sus antepasados fueron los que conquistaron el área para que, en aquellos primeros días,  pudiesen levantar sus casas y empezar sus cultivos. Entonces, ¿qué significa eso? Si ellos desbravaron, significa que limpiaron el camino, convirtieron en mansos, civilizaron. Eso es lo que dice el diccionario. Si es así, sólo se hacen mansos o se civiliza a alguien. ¿Y quién eran esas personas? Los indios. Este es resumen de la ópera bufa de los terratenientes de Mato Grosso do Sul. Listo, ella misma confirma que el territorio hoy ocupado por ella y sus familiares era originalmente de los Guaraní.

El discurso de la terrateniente es bastante esclarecedor de la situación experimentada por los Guaraní Kaiowá en esa región. Para ella y sus amigos, los indios son más que nada, una molestia, un trastorno en el mapa bien construido para ellos. Si un día los blancos invadieron la tierra y despejaron de la zona los indios, ahora ellos que no vengan a reclamar la propiedad de nada. Ellos fueron destruidos, que se vayan de allí.

Esa es la verdad de los terratenientes. Ellos dan a sí mismos el derecho de pensar que la matanza de los indios del pasado fue una buena cosa, un paso en la evolución del mundo. Pero la señora del video se olvida que cuando sus antepasados “desbravaron” la región, muchos de los pueblos que vivían allí no se murieran. Huyeron, impulsados por la violencia y por la punta de los mosquetes.

Pero, para los indígenas, la tierra no es un pedazo de suelo que se puede comprar o desbravar. Es una parte viva de la cultura. Así que, incluso después de haber huido o escondido, los indios se quedaran cerca y con el tiempo, volvieran, exigiendo el derecho a vivir en ese territorio que ocupaban originalmente.

Esa es la verdad de los nativos. Ellos insisten en ver garantizado su derecho a estar en su tierra. Quieren una pequeña porción, no requieren todo el espacio. Sólo un espacio decente para experimentar su cultura.

Pero la historia humana es la historia de la lucha de clases, como alguien dijo un día. Y en esa batalla, la clase dominante es la que tiene las armas y el estado. Los oprimidos solamente tienen sus cuerpos y la voluntad para vivir en justicia. Así que, al parecer, no hay salidas. Decía el filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein: “el mundo de los felices es diferente del mundo de los infelices”. Entonces, ¿cómo hacer con que estos mundos dialoguen? Tuviéramos un Estado anclado en la justicia, él sería responsable de asegurar que estas dos verdades pudieran ser debatidas en serenidad. Pero no. En el caso de los conflictos en Mato Grosso do Sul, el Estado todavía trae armas y protección para el campo de los “felices”, los terratenientes.

En la madrugada del día 18 de septiembre la gente de la tekoá (morada) Pyelito Kue / Mbarakay, que se encuentra en el municipio de Iguatemi, sufrió más una violencia, de las tantas que han sufrido desde que los indios decidieron reclamar su lugar legítimo. Pistoleros armados marcharon por el campamento donde se instalan los Guaraní Kaiowá, diciendo que todos serían muertos. De acuerdo con el informe del Consejo Indigenista Misionero, hubo un ataque y diez indios resultaron heridos, entre ellos una mujer embarazada y un xamã. Se utilizaron balas de goma, que son de uso limitado de la fuerza policial, y armas de fuego. Desde hace algunos días, dicen los líderes indígenas, que el Departamento de Operaciones de Frontera (DOF) estaba haciendo ‘visitas’ ostensivas, incluyendo la toma de sus cosas. También informaron que los pistoleros golpearon a una mujer hace unos días, una agresión que fue confirmado por la Funai (órgano del gobierno).

El ambiente es de asombro en la tekoá Pyelito Kue. Hace tiempo que empezó el proceso de agresión sistemática contra esta gente que incluso, en el año de 2012 divulgó al mundo un documento conmovedor, diciendo que estaban todos dispuestos a morir en defensa del derecho a permanecer en la tierra que les pertenece por derecho. Debido a la movilización provocada por este grito de los Guaraní Kaiowá, ellos pudieron ocupar la Granja Cambará, de la cual solo tenían derecho a 100 hectáreas. Toda la finca tiene 2.000 hectáreas. Desde la recuperación de las tierras, el proceso de acoso y violencia contra los indígenas no ha parado. Hombres armados deambulan haciendo amenazas, las personas se ven afectados por las armas de fuego, las agresiones se practican sin que el Estado brasileño tome cualquier acción.

El área reclamada por los indígenas ha sido declarada por la Funai como territorio tradicional. Sin embargo, el Estado sigue sin tomar medidas concretas para la demarcación de la tierra, estando, por lo tanto, en complicidad con toda la carnicería que experimentan las personas de la etnia Guaraní Kaiowá. El gobierno prefiere mantenerlos en las carreteras, en situación de miseria y en situación de abandono. Así, la única manera que los indios encuentran para hacer valer sus derechos es ocupar los lugares que históricamente han sido suyos, haciendo frente a la furia y las armas de los terratenientes. El Mato Grosso do Sul es una tierra donde la ley irrumpe a punta de armas. Y quienes tienen las armas no son los indígenas.

La dolorosa resistencia del pueblo Guaraní Kaiowá ocupa muy poco espacio en los periódicos o en la televisión. No importa al sistema de intereses que gobiernan el país que las personas sean alfabetizadas en la verdad histórica. ¿Cómo podrían explicar el hecho de que los terratenientes pueden matar y mantener milicias privadas fuera de la ley? ¿Cómo explicar que la ley, a los terratenientes no les alcanza? Mejor seguir dictando el viejo discurso de que los indígenas impiden el progreso, que deben integrarse en la cultura blanca, que deben dejar de perturbar aquellos que quieren producir. Crear estereotipos y prejuicios para mantener la imagen de que los indios son salvajes y perezosos. Así que, cuando uno de ellos tumbe, muerto, no causará conmoción.

Todavía, en el Brasil profundo, que es el resultado de la sangre indígena, las personas continúan resistiendo. En Mato Grosso do Sul los Guaraní Kaiowá mantienen la promesa hecha en 2012: lucharán hasta el último hombre y la última mujer.

La pregunta que tenemos que hacernos es: ¿Y nosotros, permitiremos la masacre?

Desde nuestros lugares tenemos que usar nuestros instrumentos de lucha. A mí me cabe la palabra, y cada uno puede aportar la suya. Lo que no podemos hacer es dejar que siga la matanza. ¡Ya basta! Que se presione el Estado para que haga la demarcación de las tierras de inmediato, que garantice el espacio que es derecho de los Guaraní Kaiowá. Un pequeño espacio en el centro de las grandes propiedades. La parte que a ellos les cabe.

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Elaine Tavares

Periodista del Instituto de Estudios Latinoamericanos/UFSC | Tw: @eteia

Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

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