CERRAR X

CONTÁCTENOS

Gracias! Nos pondremos en contacto.

Oops! Tente novamente

Las papas están quemando

Memoria colectiva

“Cuando las papas queman”, dice la frase, y se aplica a la situación crítica por la que están pasando miles de familias, de 130 barrios, en La Paz y el Alto, dos de las ciudades más pobladas de Bolivia. Las exigencias desde las Juntas Vecinales están creciendo como una bola de nieve, las marchas se convocan, diversos sectores se adhieren, la movilización se masifica, el pliego petitorio suma más puntos: desde la demanda de cumplimiento de la Constitución Política del Estado en el tema del derecho humano al agua, pasando por la destitución de autoridades y terminando con la exigencia de expulsión de empresas chinas a las que se les ha adjudicado la explotación minera en la emblemática montaña del Illimani. Nadie quisiera en estos momentos “agarrar las papas”.

Con un conflicto en escalada, que ya lleva varias semanas, se han desplegado una serie de acciones, sobre todo asumidas por el gobierno nacional, que van desde las disculpas públicas por parte del mismo presidente Evo Morales, los cambios de responsables en la Empresa Pública Social de Agua y Saneamiento (EPSAS), la conformación del Gabinete de Agua donde participan varios ministros que atienden prioritariamente el tema, y, más recientemente, la aprobación de 78 millones de dólares para 4 proyectos de infraestructura bajo la modalidad llave en mano. Todas estas acciones pueden ser tomadas como parte de la responsabilidad del gobierno nacional que le toca asumir. Pero existe un malestar, y cierto temor latente, sobre el futuro inmediato, ya que la población revive y recuerda la emblemática Guerra del Agua, en la ciudad de Cochabamba en el 2000, cuando la población se movilizó contra la intención de privatizar el servicio de agua. Las violentas jornadas llevaron posteriormente a revisar políticas y a promover desde el gobierno boliviano la incorporación en el derecho internacional del Derecho Humano al Agua, que Naciones Unidas aprobó en 2010.

Existe la posibilidad y la tentación de pretender aprovechar políticamente la emergencia por la crisis social en La Paz por la falta de agua en un contexto crítico. Nos parece que es un camino de alto riesgo y puede ser contraproducente. Sobre todo pensando en que no se puede jugar con la paciencia, la rabia y la necesidad de una población acostumbrada a la movilización social y con fuertes liderazgos de base sectoriales, que pueden generar una tensión muy peligrosa por estar demandando un tema básico para la sobrevivencia de la población.

Interdependencia

Y es que el agua es un tema eminentemente político, qué duda cabe. Pero, a la par, exige enfocarse y entender por lo menos aspectos técnicos imprescindibles para proponer alternativas fiables, concretas, participativas, para la sostenibilidad del recurso y la satisfacción y cumplimiento efectivo del derecho humano al agua.

En un inicio del conflicto se atribuyó como causa de la escasez de agua el acelerado deshielo de las cumbres nevadas de la cordillera andina. Éste fue el primer mito que se derrumba en el contexto de la escasez: sólo el 15% de la fuente de abastecimiento del agua para La Paz y El Alto viene de los deshielos de los glaciares y el resto es de la lluvia. Este año en particular se afectó la cantidad y la temporalidad de las lluvias por la influencia directa del fenómeno del Niño, que llegó con una intensidad inusual y prolongó la sequía en varias regiones del país[1].

Con esta crisis duradera, fue bueno recuperar información que pasaría desapercibida en otro contexto y que ahora toma relevancia[2], tal como el alto porcentaje de pérdida de agua en los sistemas (entre abducción, potabilización y distribución de redes), que ya marcaban un alarmante 45% de fuga en La Paz, según datos del Ministerio de Medio Ambiente y Agua del año 2011. La impactante ineficiencia hídrica demuestra que aún existen problemas estructurales, que debe dar paso a inversiones más responsables y previsoras en la infraestructura, lo que también ayudará a mitigar las crisis futuras.

Una palabra clave para hilar entre la información estratégica, los datos y la tecnología para avanzar en soluciones sostenibles en el tema del agua es la interdependencia. La interdependencia como clave para entender que la crisis del agua, no sólo en el caso de las ciudades de El Alto y La Paz, no es un problema individual o aislado. La interdependencia nos hace comprender sistémicamente que las lluvias se generan gracias a la Amazonía, que es el bosque más grande de Sudamérica, capaz de generar vientos cargados de humedad por la evapotranspiración de la selva, y produciendo las nubes que se convertirán en lluvias en los Andes[3]. Para los negacionistas del impacto de la deforestación, existe una tarea urgente y pendiente, la de preservar los bosques que aún tenemos. Se trata en definitiva de una inversión a largo plazo para asegurar la sostenibilidad del agua.

También parece clave aceptar que la solución a la crisis del agua tiene que tener un fuerte abordaje tanto tecnológico como social, porque para tomar decisiones acertadas y eficientes se debe trabajar con información confiable, se debe confiar y convocar a las instituciones académicas y a las organizaciones especializadas para poner sobre la mesa distintas opciones de solución temporal, que son un paliativo a la crisis, pero con más razón para que aporten a la co-elaboración de políticas con visión de mediano y largo plazo.

La interdependencia entre la población y los gobernantes en las instituciones públicas también es importante. No se puede perder de vista que existe una responsabilidad directa de las autoridades e instituciones públicas en la crisis del agua en La Paz y El Alto. Pero, ¿no puede haber una corresponsabilidad en gestionar la solución? ¿Hasta qué punto estamos desperdiciando una histórica y estratégica oportunidad de coyuntura para promover un nuevo espacio de reflexión y diálogo constructivo? Desde la ciudadanía y la sociedad civil en general también tendríamos que buscar un rol más activo, propositivo, fiscalizador, innovador, sobre todo en este momento de crisis. Existen múltiples experiencias en poblaciones pequeñas en el Chaco boliviano, por ejemplo, donde se están realizando Acuerdos Recíprocos por el Agua, generando la sensibilización y concientización de las poblaciones en el uso racional, eficiente y también en la conservación de las cabeceras de sus fuentes de agua para que así todos puedan asegurar la provisión sostenida. Si éste es un ejemplo de co-responsabilidad, hay que darle la vuelta y pensar en cómo desde las grandes ciudades también la ciudadanía puede poner su “tonelada de arena” en las acciones para que tengamos agua para todos.

Más allá de la legítima protesta de la ciudadanía afectada, busquemos un escenario donde cada cual ejerza su rol y asuma su responsabilidad. Las autoridades e instituciones del ramo tienen que mejorar sus capacidades de servicio público, a conciencia. Un ejemplo concreto del que se puede aprender es Cochabamba: desde la guerra del agua en el año 2000 ha robustecido su institucionalidad desde la gestión local, fortaleciendo a empresas municipales que administran, gestionan y expanden sus sistemas de aguas comunales, empezando ahora a innovar en tecnologías. Así, el municipio de Sacaba, considerado uno de los más corruptos pasa a ubicarse como pionero de proyectos estratégicos de agua potable, alcantarillado y cuidado del medio ambiente, con una planta de aguas servidas que reducirá en un quinto la contaminación del río Rocha, adicionando una nueva red de agua potable en el centro urbano.

¿Cómo salir de la crisis del agua?

Más allá de la politizació,n donde el peor escenario es la partidización, se puede promover la conciencia sobre la co-responsabilidad sobre el agua. Ya Bolivia ha mostrado modelos innovadores que fortalecen la gobernabilidad democrática del agua con sostenibilidad. Ahí están los ejemplos de las cooperativas de agua y también las empresas municipales de agua, que a pesar de sus debilidades también empiezan a tener fortalezas aplicando modelos colaborativos con participación de la sociedad civil.

En este contexto cada gota cuenta, desde la bien utilizada por la población hasta la bien gestionada por las organizaciones comunitarias y públicas, además de los gobiernos que activan políticas públicas y programas a favor de un derecho humano al agua. O revisan criterios con que empresas de gran poder, como las que producen a partir de una matriz extractivista que depende de una enorme huella de agua,  se mantienen con prácticas que afectan e irritan más el malhumor social y comunitario.

Por eso, como ya varias voces afirman[4], es necesario activar una serie de acciones empezando por un Pacto por el Agua, urgente y necesario, donde todos los actores y sectores se sientan parte, donde no existan demandantes y demandados, si no que se sienten las bases para que cada uno de los sectores de la sociedad puedan poner su “grano de arena” para generar un acuerdo sostenible, desde lo urgente hasta lo importante. Sin ese sentido de oportunidad, el momento pasará y no se sabrá qué nos deparará el destino en algunos años más[5].

 --

[1] http://www.eldeber.com.bo/suplementos/edson-ramirez-paz-depende-vez.html

[2]http://www.erbol.com.bo/noticia/social/28112016/derroche_de_agua_en_caneria_puede_bajar_del_45_al_15

[3] http://www.comunidadandina.org/Upload/2011225165237AGUA_DE_LOS_ANDES.pdf (p 12)

[4] http://www.paginasiete.bo/opinion/carlos-d-mesa/2016/11/27/agua-juntos-ante-crisis-118410.html

[5] No es una particularidad boliviana: desde la crisis de San Pablo hasta los incendios en Perú o los recurrentes conflictos en México, la emergencia de escenarios críticos en torno al agua exige buscar mecanismos participativos y modos de gestionar la crisis de manera diferente a los tradicionales.

VOLVER A LISTADO
Más opiniones de

Chiaki Kinjo | Pablo Vagliente

Chiaki Kinjo es comunicadora. Actualmente trabaja de coordinadora programática en los programas: Acceso al Agua y Gran Gran Chaco Americano en la Fundación Avina en Bolivia. Twitter: @Chkinjo || Pablo Vagliente es doctor en Historia, actualmente dirige el Area de Gobernanza y Bienes Públicos para Fundación Avina. Twitter: @pablovagliente

Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

Más opiniones deste autor