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Mujeres: la vanguardia en la lucha contra la injusticia y la opresión

El 19 de octubre a las 13 hs. decenas de miles de mujeres argentinas, vestidas de negro y orgullosas, suspendimos nuestras tareas y salimos a manifestarnos contra la violencia y la desigualdad.

Por primera vez hicimos paro para pedir por lo nuestro. Se sintió en todos lados: en las oficinas públicas y privadas las mujeres dejamos nuestros puestos de trabajo para encontrarnos a aplaudir y a preparar los carteles con las consignas para la marcha #niunamenos #vivasnosqueremos. Había que prepararse para la lluvia, así que todo el mundo consiguió un paraguas o improvisó un piloto casero con una bolsa negra de basura.

"Es una manifestación de unión, nos empoderamos al saber que estamos juntas. Que la sociedad sepa que ni la lluvia nos para", le decía María, de 27 años, a un periódico local.

El ánimo colectivo no era tenso, no había enojo, había algo más cercano a un dolor viejo, había fuerza y convicción. Grupos de amigas, familias, niños, embarazadas, parejas, algunas agrupaciones políticas y muchos hombres nos acompañaban. Se oían el estruendo de los bombos y los cánticos femeninos. Las columnas humanas avanzaban de manera orgánicamente caótica, cortaban las calles, ordenaban a los autos atrapados, se movían.

En la calle, muchos se quejaban de los paraguas, que complicaban un poco la visión y la circulación a pie. No mojarse era casi imposible. Pero no importaba.

Los carteles caseros aparecían por doquier, colgados de cualquier parte del cuerpo. Todos hablaban con todos de manera espontánea. No había barreras de edad ni miedo a los desconocidos.

Un espíritu nuevo de solidaridad intragénero y complicidad inundó las calles como nunca antes. Ya no éramos competidoras sino compañeras de armas. Algo invisible e indescriptible nos unió.

Ese fue el espíritu del jueves 19, un bautismo de fuego fundamental para nuestra lucha porque nos formalizó como movimiento social organizado más allá de la protesta.

Desde el inicio de #niunamenos en Argentina -en Junio del 2015- han pasado muchas cosas increíbles: un paro, tres marchas multitudinarias, protestas en decenas de ciudades, asambleas, tweets, posteos y millones de testimonios de abuso compartidos a través de las redes.

Como reguero de pólvora, nuestra causa, que es la causa de todas, se ha extendido a lo largo del  continente.

El colectivo #niunamenos no es fruto de la casualidad ni de las redes sociales. Es el emergente natural de una argamasa de activistas y organizaciones sociales de larga trayectoria y experiencia que se ha ido cocinando durante los últimos años al fuego de otras luchas.

Desde la reforma de la Constitución argentina en 1994 en adelante, la ley de matrimonio igualitario, la ley de identidad de género, las primeras leyes de cupo femenino, la ley de educación sexual constituyeron algunas de esas huellas que nos han conducido hasta el presente.

Los disparadores de la protesta desde el 2015 hasta hoy han sido casos de femicidios espeluznantes. Está claro que esas historias no son nuevas para nosotras. Evidentemente, las viejas demandas sólidamente articuladas por el feminismo y la experiencia de acción colectiva, han sido parteras de este movimiento que ya ha generado impactos trascendentes y reacciones adversas.

El mero hecho de que en el último año se incrementaran de manera exponencial las denuncias de violencia a mujeres registradas en los canales formales es el primer dato auspicioso. La cobertura y el tratamiento más responsable en los medios de comunicación sobre los femicidios también es alentador. Ni hablar de la decisión que tomó hace un año la Corte Suprema de Justicia de la Nación de crear un registro oficial de femicidios.

En las últimas semanas se ha acelerado el tratamiento de la Ley de paridad de género para cargos electivos que ya tiene media sanción en el Congreso de la Nación y tendrá pronto tratamiento en algunas legislaturas locales.

Sin embargo en cuestiones como salud sexual reproductiva o aborto todavía nos queda por delante una dura batalla.

También han aparecido las primeras reacciones adversas. Durante los primeros días de octubre, en el Encuentro Nacional de Mujeres más grande de los últimos 30 años hubo una fuerte represión. Se dispararon balas de goma y se repartieron golpes a algunos periodistas y a las manifestantes que se expresaban en favor del aborto en las puertas de la Catedral de Rosario.

Por otro lado, resulta inquietante que algunos datos muestren un incremento y recrudecimiento de los casos de femicidios.

Como hace un siglo fueron los anarquistas, hoy somos las mujeres la vanguardia en la lucha contra la opresión. Y, como siempre, la iglesia, la policía y el poder judicial siguen reprimiéndonos.

Desde que Lucía Perez de 16 años fue drogada, violada, empalada y asesinada nada volvió a ser igual entre nosotras. Nos cuesta dormir, tenemos el pecho oprimido, lloramos repentinamente entre los pasillos de las casas o las oficinas.

No hay vuelta atrás. La compuerta de dolor por los millones de golpes, las toneladas de humillaciones y los ancestrales abusos ha sido abierta. Se ha derramado un lodazal de sufrimiento estancado durante decenas de generaciones de mujeres maltratadas que hemos convertido juntas en el abono de este poder imparable y colectivo.

Estamos tristes, cansadas, indignadas. Pero ya no estamos congeladas. Ya no nos quedamos en silencio. Ya no nos aislamos. Ya no nos creemos paranoicas o histéricas por sentir y verbalizar el miedo. Ya no nos miramos entre nosotras con desconfianza.

Hace tiempo nos venimos preparando.

Tenemos claro lo que queremos. Estamos entrenadas y encendidas.

No nos motoriza el odio ni la ira sino la certeza de sabernos portadoras de una razón, de una causa arrasadora.

Nuestra lucha es la lucha más importante del siglo.

Hoy somos nosotras la vanguardia contra la opresión y la injusticia.

Dominadas, mutiladas, golpeadas, violadas, discriminadas, esclavizadas, asesinadas en cada rincón del planeta paramos y marchamos.

Pero hoy estamos juntas y somos invencibles.

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Florencia Polimeni

Florencia Polimeni es activista de vocación y politóloga de formación. Es Presidenta de la Fundación Democracia en Red, co-fundadora del Partido de la Red, organizadora de TEDxRíodelaPlata y mentora en comunicación. Fue Diputada de la Ciudad de Buenos Aires y vicepresidenta de la Comisión de Cultura. Actualmente es miembro del Consejo Ejecutivo del Complejo Teatral de Buenos Aires. Es autora de la Ley de Mecenazgo y la Ley de Educación Sexual, entre otras | Tw: @JuicyMinerva

Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

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