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Papeles de Panamá: “una vieja tradición de la piratería inglesa”

Francesc Badia i Dalmases, Director, democraciaAbierta: “una vieja tradición de la piratería inglesa”

“Paseando por cualquier puerto recreativo del Mediterráneo o del Caribe cualquiera puede identificar un número no desdeñable de banderas de Panamá ondeando en la popa de los súper-yates de mayor eslora, amarrados con displicencia a lujosos muelles. Otros pabellones de conveniencia incluyen San Vicente y las Granadinas, Bahamas, Bermuda, las Islas Caimán, Antigua y Barbuda… paraísos centenarios; una vieja tradición de la piratería inglesa. Y permanecen activos, si bien ahora operan de una manera distinta, a otra escala. Ya no hay necesidad lanzarse al abordaje y salir ciñendo con el botín a bordo: uno puede estar sentado tranquilamente en un elegante despacho en Londres o en Zúrich, y ordenar sus transferencias. Pero las aguas –ahora conocidas como internet- se están volviendo más y más traicioneras, puesto que unos cuantos hackers y filtradores de secretos las andan navegando con esquifes ligeros, a la caza de grandes tiburones y demás peces gordos.

Mossack Fonseca quizás no sea una filial de Francis Drake y Asociados, pero es el bufete que su banquero le recomendará si usted quiere obtener, para su súper-yate, el pabellón que más le convenga. Los once millones de documentos filtrados de ese despacho de abogados panameño (algunas informaciones apuntan que los filtradores fueron empleados de la filial brasileña de Mossack Fonseca) señalan directamente a un gran número de millonarios y políticos poderosos y a sus círculos de amigos íntimos y familiares. Hasta donde sabemos, algunos importantes líderes latinoamericanos también se han visto claramente expuestos a la filtración. Esto no ha hecho más que comenzar, pero ya parece muy prometedor.

Desde el actual presidente argentino Mauricio Macri, hasta el antiguo secretario de Néstor Kirchner, pasando por los financiadores de Keiko Fujimori, candidata presidencial en Perú, y llegando Juan Armando Hinojosa, el constructor preferido del presidente Enrique Peña Nieto, a quien su esposa compró la famosa y polémica mansión, conocida como la “casa blanca”. La lista se alarga con un buen número de  políticos y empresarios brasileños, ya afectados por el escándalo de corrupción de Petrobras, el Lava Jato, hasta el antiguo guardaespaldas de Hugo Chávez, que le encargó a los chicos de Mossack Fonseca que le ayudaran a establecer algunas compañías off-shore, para tener sus ahorros a buen recaudo.

Todo esto será una buena noticia para la transparencia y la rendición de cuentas, pero puede echar leña al fuego del descrédito enorme de la clase política latinoamericana que está barriendo el continente, y que puede acarrear problemas suplementarios en forma de salvapatrias”.

Max Edwards, Commissioning editor, oDR: “El problema es debido, tanto a un problema sistémico en el corazón del consenso económico, como a los deslices morales de los dirigentes en toda Eurasia”

 “Entre las elites post-soviéticas la corrupción no es una novedad para nadie, y menos para sus propios ciudadanos. Hay tours en autobús, organizados por opositores rusos, para ver las propiedades de los oligarcas en Londres, y todos los ucranianos recuerdan la opulencia hortera de la mansión de Yanúkovych en Mezhyhirya, cuando ésta se abrió al público. Muchos estados de toda Eurasia se enfrentan a oscuras perspectivas económicas, ante la reticencia generalizada a reconocerlo. Con bastantes menos recursos con los que jugar, las élites rusas o kazajas se están encontrando con dificultades para mantener vivos los contratos sociales con los que la gente accede a distanciarse de la política a cambio de mejorar su calidad de vida.

Los papeles de Panamá encierran un tesoro de revelaciones. Especialmente clave entre éstas resultan las que implican al círculo íntimo del presidente Putin: un chelista amigo de la infancia, “donaciones” y “préstamos” de los bancos rusos a empresarios, y una red de holdings en el BVI. También el Cáusaso Sur ve ha visto afectado: en esta fase, sería algo sorprendente que la familia del líder de Azerbaiyán, Aliyev, no aparezca en una investigación de este tipo. Hay revelaciones acerca del discreto oligarca Bidzina Ivanishvili, considerado por todos como el poder y el bolsillo detrás del partido gobernante en Georgia. Azerbaiyán amaneció en 2016 con protestas extendidas por todo el país. En Georgia, este año se han visto escándalos de vigilancia masiva, huelgas de mineros, una protesta estudiantil, y el país se enfrenta a elecciones generales en otoño.

Quizás no haya repercusiones políticas para Putin y su camarilla. Mientras el portavoz del Kremlin, Peskov, ha desdeñado las revelaciones como una “ataque informativo”, los medios estatales se muestran encantados de informar sobre las dificultades del líder ucraniano Petro Poroshenko. La confianza popular en el presidente y en las instituciones políticas en Ucrania ha tocado suelo varias veces, y los medios de comunicación dominantes, propiedad de los oligarcas más poderosos (Akhmetov, Kolomoisky, Pinchuk), se han mostrado menos que condescendientes en sus diarios. El comportamiento de la elite ucraniana, en un contexto económico catastrófico y con un conflicto armado en marcha, ha sido despreciable. El 21 de agosto del 2014, mientras 27 soldados ucranianos murieron en la batalla de Iloavisk en el Donbás, Petro Poroshenko registraba una compañía para realizar transferencias offshore en las Islas Vírgenes Británicas desde su empresa de caramelos Roshen. Su futuro político parece hoy más exiguo que nunca.

Aún así, la rabia contra estos excesos, aunque del todo justificada, es sólo una parte de la fotografía. No hay excusa para el comportamiento de las elites en Azerbaiyán, Georgia, Rusia y Ucrania, pero éste ha sido posible gracias a la política de puertas abiertas para las finanzas en el Reino Unido y sus muchos territorios dependientes. El problema se debe, tanto a un problema sistémico en el corazón del consenso económico, como a los deslices morales de los dirigentes en toda Eurasia.”

Adam Ramsey, editor, openDemocracyUK: “Si queremos entender el Reino Unido de hoy, primero debemos darnos cuenta de que nuestro principal rol económico es, probablemente, nuestra red de paraísos fiscales”.

Existe la tentación, cuando miramos los papeles de Panamá, de empezar a buscar nombres de políticos de tu propio país que aparezcan implicados. Si se es británico, y se sigue este patrón, se encontrarán pocas sorpresas en la información que ha aparecido hasta ahora.

Entre los muchos miles de nombres que aparecen listados en la filtración, probablemente implicados en asuntos fiscales dudosos, no puede haber una aparición menos sorprendente que la de la baronesa Pamela Sharples, viuda del antiguo gobernador de las Bermudas. Hasta toparse con Lord Ashcroft, ¿quién, si no, hubiese llamado más la atención? Y ahí está Michael Mates, el antiguo diputado Tory, que dimitió en el 2010 en medio de un escándalo empresarial. Y tenemos al padre de David Cameron, aunque esto último tampoco sorprende a casi nadie.

Pero esto es equivocarse de foco: no sólo sobre la cuestión que trata esta monumental filtración, sino de la cuestión del Reino Unido. Porque es difícil mirar todo este asunto y no ver al Reino Unido en el centro del mismo. O, por lo menos, al Estado Británico que, podría argumentarse, es una cosa distinta.

Hay, como se ve, algunos hechos importantes sobre el Estado Británico que casi nunca se mencionan. Como el hecho de que es el responsable de más territorios en el hemisferio Sur que en el Norte, y de más pingüinos que ningún otro gobierno, de que existen hasta dieciocho legislaturas bajo el auspicio de Westmister y que, entre ellas, se cuenta, de lejos, la red más importante de paraísos fiscales y áreas opacas de todo el mundo.

Con la City de Londres como centro de operaciones, la red británica de paraísos fiscales, la regulación y otra legislación dudosa abarca desde las dependencias de la Corona, en primer lugar –las islas de Mann, Guernsey y Jersey-  hasta los Territorios Británicos de Ultramar: las Islas Vírgenes, las Bermudas, las Islas Caimán. Desde allí, la red se extiende a lugares como Hong Kong: dejó de estar bajo dominio británico desde 1997 pero, de acuerdo con Nicholas Shaxston, aún alimenta con “miles de millones a la City”.

Mirando los documentos filtrados de Mossack Fonseca una cosa parece clara: la red británica aparece otra vez en el centro del asunto. Más de la mitad de las compañías listadas en los documentos están registradas en el Reino Unido o en sus territorios de ultramar, y Hong Kong juega un papel enorme.

Es evidente que esto no debería sorprender. El Reino Unido, desde hace ya algún tiempo, es percibido como la capital global del lavado de dinero. Y a nadie le espanta que no se haya hecho nada para evitarlo. En el 2010, dos años después de que hundieran la economía mundial, la City pagó más de la mitad de la campaña electoral del Partido Conservador, ayudándoles (junto con el mencionado Lord Ashcroft) a saltar la valla, con la muleta hecha a medida de los Liberal-Demócratas. Aunque, claro está, los laboristas hicieron bien poco para la regulación del sector durante los 13 años precedentes.

Si queremos entender el Reino Unido moderno, tenemos que darnos cuenta primero de que nuestro rol principal en el mundo es, probablemente, mantener nuestra red de paraísos fiscales. Después de todo, se estima que unos 21 billones de dólares descansan en cuentas offshore, sitas en territorios la mayor parte de los cuales hemos visto que pertenecen al Reino Unido. Nuestro propio PIB alcanza sólo los 3 billones de dólares, más o menos.

Segundo, tenemos que afrontar las serias implicaciones que tiene nuestro papel como capital global del lavado de dinero: una función que empuja hacia arriba el precio de la Libra Esterlina, haciendo que otras exportaciones sean imposibles de costear (adiós al acero), y dispara el coste de las viviendas en Londres y en el Sur Este, alimentando una vasta burbuja especulativa, que chupa inversiones del resto de la economía.

Y tercero, tenemos que pensar cómo esta incipiente realidad económica interactúa con nuestra política: no a través de la obvia corrupción del soborno directo, sino a través de las puertas giratorias entre el gobierno y el sector privado, a través de redes de amigos del colegio y grupos de amistades, a través de donaciones perfectamente legales, y a través del dominio de los medios de comunicación.

Éste es, sospecho, el cuadro que la enorme filtración del bufete de abogados en Panamá nos ayudará a completar, ni que sea un poco. Será un proceso fascinante. Mientras tanto, pueden ustedes leer mi guía de los Territorios Británicos de Ultramar”.

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Maxim Edwards, Francesc Badía I Dalmases y Adam Ramsay

Maxim Edwards is Commissioning Editor at oDR. He writes on nationalism, inter-ethnic and inter-religious relations, with a focus on post-Soviet countries. His articles have appeared in Al-Jazeera, Al Monitor, Souciant and the Forward among other publications. Follow him on Twitter at @MaximEdwards. Francesc Badia i Dalmases is Editor of DemocraciaAbierta. An international affairs expert, author and political analyst, he Tweets @fbadia. Adam Ramsay is the Co-Editor of openDemocracyUK and also works with Bright Green. Before, he was a full time campaigner with People & Planet. You can follow him at@adamramsay.

Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

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