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Poder paralelo

Hace 4 años pasé la noche de las elecciones en la casa destruida de mi mejor amiga, sin electricidad, calefacción ni señal de celular, en una de las áreas de Nueva York más afectadas por el huracán Sandy. La única iluminación que había surgía de una fila interminable de ambulancias movilizadas desde distintos estados para desalojar hogares de ancianos donde ya habían muerto varios. Cientos de paramédicos y rescatistas llevaban días encerrados en hangares sin poder salir a ayudar a los sobrevivientes por miedo a que se reconociera la emergencia y de este modo se pospusieran las elecciones. 

Esos días comenzaba a cuajarse un esfuerzo enorme y descentralizado de voluntarios industriosos, haciendo todo lo que podían, con urgencia y sentido de propósito. El principio básico era ayuda mutua, no solidaridad. El día después de las elecciones lo pasé “pa’ arriba y pa’ abajo” de la península de Rockaway, en las afueras de la gran ciudad, en el jeep de una amiga cineasta bajo nieve, lluvia y granizo. Ese día llevamos comida y abrigos a ancianos enfermos, repartimos flashlights, hablamos con vecinos que ayudaban a vecinos, despachamos médicos voluntarios y documentamos la falta de presencia del gobierno, de la Cruz Roja, de los expertos que pensábamos que estarían a cargo.

No me enteré de quién había salido electo hasta que tuve un break en medio de la tormenta de nieve en la que hasta la FEMA (la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias) se tomó el día libre. Un periodista del New York Times apareció en medio del caos y terminó escribiendo esto.

Se me hace imposible no leer y escuchar toda la garata electoral saturando los sentidos sin pensar en esos días. Hay muchas razones para sentir que todo este ritual electoral es vacío y no atiende realmente los intereses de la mayoría de nosotros. Es una distracción peligrosa que nos da más excusas para pelearnos, agobiarnos y desconectarnos. 

Voy a votar en la papeleta legislativa y anular las otras dos. Quizás por culpa de la colonia, que no me deja decidirme entre el boicot y el civismo –entre querer acabar con el sistema y querer transformarlo. También tengo el placer de poder votar por mi mejor maestra de secundaria para senadora por distrito. En medio de la contradicción que es una elección bajo una junta de control, no me siento tan mal. 

Escojo pensar en Occupy Sandy [1] en vez de hartarme de amargura pensando en quien gane, porque prueba que nuestra capacidad para sobrevivir y superar la crisis recae en nuestra capacidad de preocuparnos unos por otros y repensar nuestras relaciones. En Puerto Rico existen montones de ejemplos de personas comprometidas a generar poder, agencia y autonomía desde el espacio que ocupan, con sus comunidades y a través de su relación diaria con el mundo. En ellas y ellos reside mi esperanza.

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[1]Occupy Sandy es el nombre de la red que surgió en Nueva York a raíz del huracán que azotó esta ciudad en octubre de 2012, inspirándose en el movimiento Occupy Wall Street

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Sofia Gallisá Muriente

Sofía es activista de #OcuppySandy, productora audiovisual y directora de Beta-Local. Graduada del programa de Cine de NYU, trabaja por su cuenta en proyectos multimedia e internet. Es también miembro de la Red de Innovación Política en América Latina http://www.redinnovacionpolitica.org/

Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

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