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Posverdad o la diáspora de lo real

                                                                                                 “Comencemos por la desaparición de lo real” Jean Baudrillard, 2009.

La digitalización de contenidos, el desarrollo de plataformas de transporte sobre la base del protocolo IP, la difusión de Internet de banda ancha y una disponibilidad cada vez mayor de dispositivos multifunción han modificado drásticamente las maneras de producir y consumir información. Es claro que este proceso no sólo ha terminado por modificar la organización industrial de los sectores tradicionales vinculados a la producción y distribución de información de manera convergente, sino que también el efecto combinado de las nuevas tecnologías han posibilitado formas de obtener (y producir) información de maneras impensadas hasta hace poco tiempo. La diversidad de formatos, canales, soportes y escenarios de consumo y producción que aportan las nuevas tecnologías al contexto de la información supone también la aparición de nuevos actores en las diversas fases del proceso –especialmente en las fases intermedias, entre la generación y recepción del contenido informativo.

En este contexto, surgen lo que se pueden llamar “emisores convergentes” (Meneses, 2010) cuya actividad está modificando las rutinas periodísticas en la actualidad, en tanto añaden información al entramado mediático. Es al interior de esta trama, y de esta clasificación de “emisores convergentes”, donde podemos comenzar a ubicar la creciente “propagación” de noticias falsas (a través de esos centros postindustriales de producción semiológica: las granjas de trolls) y la consecuente consolidación del concepto de posverdad.

Pablo Boczkowski [1] enumera algunos aspectos que funcionan como facilitadores para la propagación de fake-news, de los cuales rescataré dos: la ambivalencia en relación con la infraestructura de la  información en la actualidad, donde las condiciones de accesibilidad para hacerse oír son mucho más bajas y permeables que en el pasado y, en segunda instancia, al público cuesta más detectar información tendenciosa. Esta secuencia no niega la existencia de noticias falsas en el pasado, sino que señala condiciones estructurales que facilitan y potencian la creación y amplificación de las fake news de una manera inédita en nuestra historia de la comunicación.

Ahora bien, más allá del placer enunciativo de incluir un término con engagement, la posverdad presenta una morfología compleja, ya que la materia prima son narrativas, con un alto grado de verosimilitud y de noticiabilidad, a las cuales resulta cada vez más difícil distinguir su autenticidad. Y es que la posverdad, según su definición de la Real Academia, se identifica con una verdad emocional, no sostenida en hechos objetivos sino en la emocionalidad de quienes la emiten y de quienes las reciben.

Veamos un ejemplo reciente de Argentina.

Santiago Maldonado fue visto con vida por última vez el 1ª de Agosto de 2017. Desde ese mismo momento, se dispararon múltiples versiones, la mayoría de ellas descabelladas, pero no por eso menos eficaces para interpelar a determinados sectores de la población (yendo un poco más en profundidad, podemos hipotetizar que la multiplicación de fake news  generadas alrededor del caso estaban targeteadas en base a los algoritmos de las redes sociales y segmentadas según afinidades políticas, socioeconómicas, etc., que servían para generar una determinada predisposición anímica en las audiencias “objetivo” de cada medio).

Hagamos un repaso de la diseminación de los hechos y de las fakes news alrededor del caso Maldonado:

·         1ª de Agosto de 2017: última vez que se vio con vida a Santiago Maldonado en un corte de ruta realizado por la comunidad mapuche Lof de Cushamen en Chubut.

·         10 de Agosto de 2017: surgen versiones sobre la presencia Santiago Maldonado en un pequeño pueblo Entre Ríos (lugar donde, según esta propagación de fake data, todos los pobladores se parecían al joven desaparecido). (https://goo.gl/QgBpSi).

·         14 de Agosto de 2017: declaración de dos miembros de la comunidad indígena, ante la fiscalía de Neuquén, que atestiguan que Santiago Maldonado fue apresado y llevado por Gendarmería a un paradero desconocido. (https://goo.gl/ucLyBY).

·         24 de Agosto de 2017: surge otra versión sobre un supuesto apuñalamiento de Santiago Maldonado por un puestero de los campos de Benetton. (https://goo.gl/PxG7mn)

·         12 de Octubre de 2017: Elisa Carrió (Diputada Oficialista por la Ciudad de Buenos Aires) sugiere que hay un 20% de posibilidades que Santiago Maldonado esté en Chile, junto a la RAM, agrupación Mapuche radicalizada.  (https://goo.gl/rcMYsW).

·         17 de Octubre de 2017: el cuerpo sin vida de Santiago Maldonado es hallado sin vida en el río Chubut. (https://goo.gl/S3TuYJ).

La aparición del cuerpo de Maldonado no implicó el cese de las hipótesis ni de las noticias falsas sino que funcionó como un multiplicador. Pero enfoquémonos en el plazo que se sugiere aquí.

Este timeline pone en evidencia algunos aspectos significativos en cuanto a la producción, circulación y manejo de la información en la era de la posverdad. Uno de los aspectos más relevantes a señalar es que la generación y multiplicación de versiones no siempre refieren o tienen como origen a los  medios “tradicionales” que las producen o reproducen.

Sucede que la horizontalidad en los flujos informativos posibilita que “emisores convergentes” y “trolls” sean capaces de crear contenidos a la par de instituciones de medios ya establecidas. Otro ejemplo de esto se sucedió con el hallazgo del cuerpo de Santiago Maldonado. En ese momento comenzó a circular un audio de whatsapp en el cual,  según su emisor –que se adjudicaba un rol de peritaje forense–, se confirmaba la identidad del cuerpo antes de la autopsia y del reconocimiento por parte de los familiares, sin poder comprobarse nunca el origen y la veracidad de ese audio

Y esta diseminación de noticias se inserta en un contexto sociocultural donde la credibilidad en los medios tradicionales si bien no es del todo baja, convive con una percepción cada vez más enraizada de que la influencia externa (poder político, económico, etc.) sobre los mismos es alta.

Así lo muestra un estudio del Reuters Institute [2] de la Universidad de Oxford, en el que se muestra que el público argentino es el que menos confianza tiene en las noticias entre los países latinoamericanos considerados y, a su vez, es el país donde se percibe que las noticias se encuentran más influenciadas por la política y las empresas.

 

Gráfico 1. Credibilidad en las en noticias en Latinoamérica

Fuente: Reuters Institute. Digital News Report. 2017.

Y es que los medios tradicionales han estado presentes en las vidas de las personas por mucho tiempo y con el paso de los años, las audiencias desarrollaron formas –no siempre eficaces– de identificar matices ideológicos en las coberturas periodísticas, como así también diferencian aquellas historias verídicas de las paródicas o satíricas. Sin embargo, en el ecosistema digital actual, la asignación de credibilidad a una noticia todavía está en un proceso de afinación ya que el modo de acceder a las mismas ha ido mutando: el consumo informativo mediante búsqueda directa hoy puede considerarse una práctica secundaria. Actualmente nos encontramos en un contexto donde las recomendaciones juegan un papel clave en la construcción y consolidación de la confianza, ya que a la misma noticia suele atribuírsele un mayor nivel de credibilidad si es compartida por un contacto en una plataforma de medios sociales, respecto a si es leída directamente en el sitio de de origen (Boczkowski, 2016, op. cit.).

           

La reforma previsional y la posverdad en imágenes

En el contexto de las sesiones parlamentarias por la reforma previsional (finalmente aprobada) en Argentina, se suscitaron diversas manifestaciones populares en contra de este proyecto de ley, en las cuales hubo una gran presencia policial que culminó en represión de los movilizados.     

En este escenario de convulsión política y cierta sensibilidad anímica, comenzaron a propagarse diversos micro-relatos con el objetivo de sensibilizar y/o movilizar a las audiencias respectivas (oficialistas y no oficialistas según el caso). Veamos dos ejemplos: 

 (Foto 1. Extraída de Facebook el 14/12/2017)                                       (Foto 2. Diario Popular. 22 de agosto de 2012)

En la foto 1 vemos una publicación [3][3] en la que se narra la historia de un supuesto jubilado que pierde su negocio y su medio de vida, a manos de supuestos desmanes llevados a cabo por miembros de la agrupación Quebracho (organización política, que estuvo presente en  la marcha del día 14 de diciembre de 2017).

En la foto 2, podemos ver la imagen en su contexto original, publicada en el mes de agosto pero del año 2012 y que corresponde a la imagen de una persona lamentando la pérdida de un familiar en un episodio de inseguridad.

 

Otro  ejemplo es la siguiente foto:

                                              Foto 3. 19 diciembre 2001 (PH: Enrique García Medina)

Se trata de una fotografía del 2001, en Argentina, durante la represión del mes de diciembre, durante el gobierno de Fernando de la Rúa, que terminaría con 39 muertos y la huída en helicóptero del entonces presidente, pero que circuló estos últimos días como una fotografía (posible) de la marcha del 14 de diciembre…de 2017.

Lo que estas secuencias de fotos pretenden mostrar es que la posverdad combina elementos ficcionales y emocionales que trabajan de manera sinérgica para ser “noticiables” y adquirir un rango de verosimilitud lo suficientemente potente como para circular como una posible versión de la realidad. Y, más aún, la comprobación de su inautenticidad suele tener menos potencia emotiva que su circulación, ya que termina siendo un contenido efímero, como la mayoría de los que circula en las redes.

Finalmente, este recorrido nos propone algunas reflexiones:

·         La posverdad presenta un carácter ubicuo, circula por la multiplicidad de plataformas buscando engagement e impacto. Puede ser una imagen de hace 15 años que, por similitud contextual y morfológica, se adecua con relativa precisión a un estado de cosas. Aspecto que pareciera ser suficiente para consolidar su carácter verosímil y noticiable.

·         Por otro lado, el debate sobre la posverdad pone en evidencia la crisis de la relación entre periodismo y el público. El periodismo pareciera no poder recuperar el  lugar de relevancia de antaño en el diálogo permanente de los ciudadanos/audiencias en la actualidad.

·         En este contexto, los periodistas ya no tienen la exclusividad de la noticia y entornos como por ejemplo Twitter se ha naturalizado como un entorno natural para las breaking (y también fake) news. Las nuevas dinámicas digitales exigen a medios y a periodistas adaptar su lenguaje, estilo y, específicamente, su actitud hacia las fuentes, la información y el público.

·         Por último, esta era de de “trolls farms” y “bots” políticos/noticiosos también plantea la necesidad de una educación y readecuación digital  de las audiencias con el objetivo de lograr componer una dieta informativa lo más saludable posible, promulgando una cultura de la lectura capaz de reflexionar sobre el carácter de lo que se lee y los propios sesgos puestos en juego al momento de abordar una noticia.

Notas

[1] Boczkowski, P. (2016), Posverdad, recuperado de http://www.revistaanfibia.com/ensayo/la-postverdad/

[2] Reuters Institute. 2017. Digital News Report. Recuperado de http://www.digitalnewsreport.org/

[3] Publicación en Facebook que muestra un altísimo nivel de engagement (“likes”) y una intensa actividad de sharing que genera algunas dudas sobre si su amplificación es “natural” por su capacidad de sensibilización o si se trata de una actividad propia de una granja de trolls.

Foto: gentileza Victor R. Caivano (AP)

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Juan Clavero

Profesor de Filosofía (UBA), Maestrando en Gestión Estratégica de las Comunicaciones (UNLZ). Director de proyectos cualitativos / CX Reporting Analyst. | Twitter: @juanxaclavero

Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

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