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¿Qué se elige el domingo 26 de noviembre en Honduras?

El próximo domingo se convocan a los electores hondureños a las urnas para la designación del presidente y vicepresidente, 128 diputados nacionales (designados por sistema Hare por departamento), 298 alcaldes y sus vice para los municipios y más de 2000 legisladores municipales. A su vez, a nivel supranacional, Honduras elige 20 diputados para el PARLACEN (Parlamento Centroamericano). Cabe señalar que el país centroamericano ya ha celebrado sus elecciones primarias, y que la relevancia política de esta elección es inmensa, en tanto los cargos en juego corresponden a todas las arenas de gobierno.

El sistema de partidos hondureño

Tal como mencionamos en el informe sobre las primarias, Honduras vivió 27 años ininterrumpidos de democracia, hasta que en el 2009 las Fuerzas Armadas hondureñas llevaron adelante un golpe de Estado al entonces presidente Zelaya. A partir de aquel entonces el sistema de partidos hondureño ha atravesado una serie de modificaciones que dan cuenta del modo en que éste se fue acomodando al quiebre histórico, como así también a la mutación del sistema electoral.

Honduras es un ejemplo claro de algunos de los argumentos tradicionales de la Ciencia Política (Duverger, 1960; Sartori, 1994; Ordeshook y Shvtesova, 1994; Cox, 1997), donde los autores evalúan cuales son las variables que dan forma a los sistemas de partidos.

Los actores que propiciaron la remoción constitucional del presidente resolvieron concurrir a elecciones, ya que no iban a pagar los costos internacionales de adoptar instituciones autoritarias, frente al modelo democrático que se mantiene hegemónico desde los ‘90 (Levitsky y Way, 2004). Además, los presidencialismos actuales poseen mecanismos más flexibles (Marsteintredet, 2008), que impiden la emergencia de un régimen autoritario luego de un golpe de Estado tradicional. Los golpes pasan, de este modo, a funcionar como procedimientos de control o rendición de cuentas sobre los actos de gobierno.

Pasado el golpe y convocadas las elecciones, el entonces sistema bipartidista, se transfigura. Hasta el 2009, éste cuenta con bajos niveles de polarización y distancia programática e ideológica, siendo disputado por el Partido Liberal (PLH) y el Partido Nacional (PNH). Ambas elites partidarias negociaban las reformas, pactaban las crisis y enfrentaban las luchas intrapartidarias, fortaleciendo el status quo (Torres, 2011).

Luego del 2009, un conflicto de representatividad (Otero, 2013) provoca una división al interior del PLH, comenzando el deshielo del sistema de partidos hondureño (Dietz y Myers, 2002). Así, la crisis de los partidos políticos tradicionales abre las puertas a nuevos contendientes electorales, que vienen a disputarle cabeza a cabeza el poder a los dos competidores tradicionales. De esta manera el PLH queda dividido: por un lado, el Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP), a favor de convocar la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) y pro Zelaya, y por otro lado los defensores del golpe -la Unión Cívica Democrática (UD).

En el año 2012, provenientes del FNRP y situados a la izquierda del espectro ideológico, surgen los partidos Libertad y Refundación (Libre) y el Frente Amplio Político Electoral de la Resistencia (Faper), ambos de raíz movimientista, nutridos por organizaciones sociales y ex militantes del PLH. Sin embargo, también nacieron fuerzas conservadoras: el Partido Anticorrupción (PAC), creado por el outsider Salvador Nasralla -cuyo programa remarcaba la lucha contra la corrupción y pro institucionalidad-, y la Alianza Patriótica Hondureña, creada por quien fuera jefe de la FFAA con Zelaya, el general retirado Romeo Vásquez Velásquez.

Ahora bien, el golpe de Estado y la crisis de representación no fueron los únicos factores que determinaron la morfología del sistema de partidos hondureño, ya que también los líderes subnacionales pasaron a tener mayor poder, siendo capaces de consolidarse como fuerzas políticas con capacidad de enfrentar a los partidos tradicionales.

En primer lugar, la reforma electoral de 1993 había permitido la elección separada de alcaldes: a Su vez, la de 1997 impulsó la boleta separada en elecciones presidenciales, legislativas y municipales. Las elecciones no concurrentes y el cambio en la boleta habrían facilitado en la vida electoral hondureña la entrada de “partidos emergentes”, como el Partido de Innovación y Unidad Nacional (PINU), el Partido Demócrata Cristiano (PDCH) y el Partido de Unificación Democrática (PUD), evitando el efecto arrastre pero sin generar grandes transformaciones (Otero,2013).

En segundo lugar, en el 2005, por medio de una enmienda constitucional, bajo un sistema de representación proporcional y boletas separadas y abiertas, se volvió a favorecer campañas más localistas, con mayor autonomía de los candidatos. Al mismo tiempo, las primarias abiertas alteraron las cúpulas de las organizaciones, en tanto no sólo, como su nombre lo indica, abrieron la competencia interna sino que también se conformaron como un mecanismo institucional que amenazaba el liderazgo de las élites partidarias tradicionales.

Los sectores que ya no se veían representados por el entonces presidente, luego del golpe, buscaron nuevas alternativas electorales, introduciendo una primera reforma al sistema partidario hondureño. Las sucesivas modificaciones del sistema electoral, con la intención de garantizar que las élites partidarias pierdan menos (Calvo, 2009; Boix, 2009), introdujeron un posterior cambio al sistema de partidos, arrojando así una nueva configuración. En este sentido, Honduras llega a estas elecciones generales con varios movimientos que pueden tener acceso al Congreso y tres partidos con posibilidad real de obtener la presidencia.

¿Qué candidatos nos dejaron las primarias?

En las elecciones primarias del marzo pasado el PNH logró sumar 1.378.770 votos, dejando en segundo lugar al PLH con 700.861, consagrándose como la primera fuerza política. Por otro lado, obteniendo el tercer lugar, el Partido Libertad y Refundación (Libre) quedó con 461.825 sufragios (1).

Los candidatos electos son el presidente Juan Orlando Hernández (PNH), quien encabeza la carrera presidencial -tal como señalábamos en nuestro anterior informe-, impulsado desde los movimientos Unidos por la nueva Honduras y Juntos por más cambios.

En segundo lugar, quedó la precandidata presidencial de Libre, Xiomara Castro, ex esposa del ex presidente Zelaya, quien alcanzó 401,474 sufragios. Este último, logró ganar la interna del PLH por el movimiento Por Honduras, Por nosotros y se posicionó en el tercer lugar, alcanzando 344,431 votos.

A pesar del cambio en el sistema de partidos, podemos observar que la irrupción de terceras fuerzas, el aumento en los liderazgos subnacionales y la adopción de nuevas reglas electorales, no afectaron (al menos por ahora) la performance electoral de los partidos tradicionales y de aquellos actores que, desde el 2009, vienen constituyéndose como alternativas electorales.

Mirando a Honduras desde la Ciencia Política

La importancia de estudiar las instituciones radica en que conforman un conjunto de incentivos (políticos, económicos y sociales) que establecen las reglas formales e informales ordenadoras de la vida política y social que estimulan -o desalientan- determinados procesos y comportamientos en desmedro de otros (Abal Medina y Suárez Cao, 2003). En este sentido, los sistemas electorales se definen como el conjunto de normas y procedimientos utilizados para: (i) convertir las preferencias de los ciudadanos –expresadas por medio del voto- en cargos o escaños legislativos, y (ii) determinar los requisitos para establecer quiénes pueden elegir y ser elegidos -cuerpo electoral. Podríamos decir, entonces, que un sistema electoral regla la distancia entre los ciudadanos y sus representantes mediante sus diferentes elementos: fórmula electoral, magnitud de distrito, tipo de lista y boleta.

La Constitución hondureña consagra la representación proporcional para los cuerpos colegiados elegidos por la voluntad popular. De esta forma, en las próximas elecciones generales, los hondureños elegirán -además de nuevo presidente- 128 diputados, 298 corporaciones municipales integradas por un alcalde con sus respectivos regidores (2.092) y las diputaciones al Parlamento Centroamericano o PARLACEN (20 diputados), tal como antes mencionamos.

El Poder Legislativo es ejercido por la Cámara de Diputados, conformada por 128 miembros votados de forma directa por un periodo de 4 años. Los mismos son elegidos en los 18 departamentos en que se divide el país, cuyo número se define de forma proporcional a su población. Los departamentos se dividen en corporaciones autónomas administradas por alcaldes, también electos por el pueblo (Cuadro I).

Para la distribución de las bancas, se utiliza el sistema de representación proporcional por cocientes y residuos electorales (Hare), nacionales, departamentales y municipales. Cada partido político, alianza o candidatura independiente tendrá tantos diputados por departamento como cocientes electorales quepan en la suma de marcas de los votos obtenidos. En los departamentos en que solo se dispute una banca, es decir, en las circunscripciones uninominales -como por ejemplo, Islas de la Bahía-, la distribución será por mayoría, es decir, aquel que consiga más votos que sus oponentes será elegido diputado por su departamento.

Teniendo en cuenta que la Cámara se renueva en su totalidad -128 diputados- y su mandato -de 4 años- coincide con el mandato presidencial, sumado a que las elecciones son concurrentes, a primera vista, es de esperar que se produzca un efecto arrastre para los cargos legislativos y municipales. Es decir, que los partidos políticos con candidatos ejecutivos fuertes y competitivos pueden sacar ventaja de esta situación y lograr sumar bancas en el Congreso. A esto se agrega que, como se dijo anteriormente, con el sistema de primarias vigente, quien obtiene esta primera victoria al interior suma el apoyo del partido y su estructura al momento de gobernar. Así mismo, es necesario destacar que el tipo de lista abierta utilizada (es decir, elige con marcas a su candidato) con boletas separadas para cada categoría, otorga mayor relevancia a liderazgos locales, como así también fomenta el rol que tienen los candidatos por encima de la identificación con el propio partido político.

Ahora bien, existen otros efectos del sistema electoral, que no impactan sólo en la vida electoral de los partidos políticos, sino también en las dinámicas que luego se suscitan en el propio gobierno. En primer lugar, el efecto arrastre -del que se hablaba anteriormente- abre la puerta a que los oficialismos se vean beneficiados y que cuenten con amplias mayorías legislativas que le permitan gobernar y no pongan en jaque al ejecutivo, disminuyendo así la rendición de cuentas por parte del Poder Legislativo.

Por su parte, la elección de presidente y vice tiene esta vez un rasgo distintivo, en cuanto que es la primera vez que en el país se permite la reelección. Si bien la Constitución dice en su artículo 239 que “el ciudadano que haya desempeñado la titularidad del Poder Ejecutivo no podrá ser presidente o vicepresidente de la República” (2), un fallo del Tribunal Supremo Electoral el año pasado habilitó al actual mandatario hondureño, Juan Orlando Hernández, a presentarse a las elecciones, en virtud de un fallo anterior de la Corte Suprema del país (3) en el marco de múltiples pedidos de inconstitucionalidad para este corset institucional (4). Esto ha generado malestar en la oposición, que plantea propuestas de reforma electoral, especialmente en lo que hace a la posibilidad de reelección.

En otras palabras y para concluir, estos comicios implican recambio de todas las autoridades políticas en todo el país. Si bien ya no se encuentra en jaque la democracia ni la estabilidad institucional, y el sistema político hondureño parece mostrar cada vez más señales de encontrarse estabilizado. Ahora bien, será fundamental el accionar del partido de gobierno a la luz de este nuevo escenario institucional, como así también de su capacidad de generar consensos en la Cámara de Diputados, para no sólo auto preservarse, sino también para poder llevar adelante una agenda de gobierno, trabajando de manera conjunta con una oposición responsable y que, en palabras de Juan Linz (1991), se mantenga leal al régimen democrático.

Nota al pie:

(1)  http://www.elheraldo.hn/eleccioneshonduras2017/1064035-508/los-resultados-de-las-primarias-ya-son-oficiales

(2) http://www.oas.org/dil/esp/Constitucion_de_Honduras.pdf

(3) http://www.efe.com/efe/usa/america/supremo-instaura-la-reeleccion-en-honduras-y-partido-de-oposicion-busca-anularla/50000103-2595585

(4) http://www.elheraldo.hn/pais/833696-214/sala-constitucional-da-luz-verde-a-la-reelecci%C3%B3n-presidencial-en-honduras

Equipo de Investigadores "Coaliciones Políticas en América Latina":

Iván Seira (Coordinador)

Agustina Falak

Sofia Santamarína

Julia Farías Guizzo

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Equipo de investigadores "Coaliciones Políticas en America Latina"

Iván Seira, Florencia Videla Bavio, Sofía Santamarina, Federico Oscar de la Vallina, Martín Ferreiro y Federico Manuel Casas, todos son Investigadores en Formación del GICP "Coaliciones Políticas en America Latina" (UBA) | Tw: @CoalicionesGICP

Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

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