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#TomarLaCalle, un encuentro sobre movimientos sociales y redes

El pasado 6 de octubre se llevó a cabo el encuentro #TomarLaCalle organizado por Fundación Avina, la Escuela de Política y Gobierno de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y CIVICUS. El mismo se constituyó en un espacio de reflexión entre académicos y activistas sobre la caracterización de los movimientos sociales del siglo XXI y la importancia de las redes sociales en la constitución de las protestas que los mismos impulsan.

Los diálogos desarrollados estuvieron ordenados en tres paneles donde se debatió acerca de la relación entre las redes y calles, coordinado por Alicia Lissidini de la UNSAM, el paso de la protesta al movimiento, coordinado por Inés Pousadela de CIVICUS, y los elementos de éxito o efectividad de un movimiento, coordinado por Yanina Welp de la Universidad de Zurich. Finalmente, Pablo Vagliente, de la Fundación Avina coordinó un conversatorio de cierre junto a activistas de tres países de América Latina: Melisa Gorondy Novak de Asuntos del Sur, Caio Tendolini de UPDATE Brasil y Genaro Cuadros del Marca C y Asamblea Consituyente de Chile.

Las reflexiones fueron muy enriquecedoras, los debates profundos e inmersos en las tendencias teóricas contemporáneas sobre los movimientos sociales latinoamericanos, todo ello acompañado de experiencias concretas que ilustraban los debates. Aquí se presentan algunas de las reflexiones:

Aristas del mundo de los movimientos sociales en las redes

El movimiento de secundaristas en Brasil fue un puntapié para comenzar los diálogos en torno a la centralidad de las redes sociales como Facebook y Twitter en los procesos de participación y protesta en la América Latina del siglo XXI. Inspirados en la revolución de los pinguinos de Chile, jóvenes de secundarios comenzaron a alzar su voz en Brasil los últimos años, logrando una expansión de sus demandas hacia las grandes escuelas secundarias de las principales urbes del país.

El uso de las redes por parte de este colectivo permitió mostrar las aristas de estas herramientas digitales en su uso por los movimientos y activistas de la región. En cuanto a su aspecto positivo, las redes sociales permiten un alcance e impacto masivo nunca antes visto. Asimismo, las redes permiten el desarrollo de un espacio de reconocimiento a partir la construcción de un simbolismo que genera unidad, aunque quienes lo comparten no se hayan visto nunca. Por otro lado, la rapidez con la que viajan las ideas y los símbolos a través de las redes es otro de sus elementos positivos.

En relación a lo desventajoso, al usar redes los movimientos sociales no se encuentran exentos de procesos de vigilancia y espionaje que violan los derechos humanos de privacidad, libre expresión y reunión, lo cual también podría ser una amenaza para la desarticulación del movimiento. Por otro lado, otro de los aspectos a considerar en este relacionamiento entre movimientos, redes y calles es la lentitud en la transferencia de las redes a las calles, y la dificultad en generar transformaciones reales en el territorio. Por último, es desafiante la poca sustentabilidad que los movimientos formados en las redes pueden tener si no se ha generado cierto nivel organizacional que permita construcciones más sólidas.

Lo espontáneo u organizado de un movimiento en las redes

¿#NiUnaMenos en Argentina fue sólo un hashtag ideado por la vorágine de las redes o el resultado de procesos de activismo anteriores, diálogos y construcciones políticas desarrolladas durante años? Esta fue la pregunta disparadora que llevó a reflexionar sobre lo espontáneo u organizado de un movimiento social que se “inicia” en las redes.

Uno de los elementos que surgió de este debate fue la consideración de que muchas veces, al analizar el carácter organizacional de un movimiento, se tiende a evaluar mirando hacia adelante, es decir considerando si una protesta o movimiento surgido logró armarse bajo una estructura organizacional más consolidada o no. No obstante, pocas veces se observa hacia atrás, considerando la posibilidad de lazos previos con otros procesos.

El caso de #NiUnaMenos sirvió para ejemplificar la relevancia de lazos anteriores que escapan al poder articulador de las redes sociales. En este sentido, si bien no hubo un andamiaje organizacional de este movimiento en concreto, sí hubieron trayectorias que fueron moldeando la llegada de esta expresión que se hizo eco a través de las redes sociales. De ese modo, para comprender su alcance, se vuelve necesario conocer las historias de los feminismos en Argentina y Latinoamérica, las luchas anteriores como “la marcha de las putas” y otras expresiones que buscan objetivos similares. Estos activismos pasarían a formar parte de la etiqueta que se formó.

La ilusión del poder

Los likes, seguidores y retweets generan poder, o ¿será una sensación de poder? Esta reflexión profundizó los diálogos en torno a la relevancia de las redes en la generación de poder que se percibe como transformador.

Al hacer uso de las redes sociales, pareciera que el costo de participar fuera muy bajo en comparación con el impacto que las mismas generan. No obstante, este alcance, que se percibe como real, donde quienes participan se entienden formadores de opinión con incidencia, puede llegar a ser ilusorio. Es por ello, que la evaluación de un hashtag que se vuelve trending topic, un video que se vuelve viral, una foto de muchos likes debe realizarse más allá del momento en el cual se logró.

La redistribución del poder tan buscada por los movimientos sociales no se logra en lo efímero de un momento en la red, sino requiere de procesos de construcciones más sólidas y de la inclusión de una diversidad de actores, no solo amigos en las redes cuyas opiniones tienden a asemejarse.

La identidad cognitiva de los movimientos

Las experiencias de los activistas comienzan a tomar protagonismo en los movimientos del siglo XXI y en este sentido las identidades e ideas constituidas en base a este componente experiencial comienzan a tomar relevancia cognitiva. El análisis de los movimientos contemporáneos toma en cuenta otras dimensiones que van más allá de su rol como movilizador de recursos.

Los movimientos sociales se constituyen en comunidades de aprendizaje, donde sus activismos, experiencias personales de sus miembros y los análisis críticos que realizan de las realidades se convierten en fuente de desarrollo de conocimientos políticos alternativos. En este sentido, el aprehender de estos conocimientos que los mismos movimientos desarrollan en su accionar político posibilitará alcanzar un entendimiento más profundo de su potencial transformador. Esta fue la propuesta principal de diálogo de la coordinadora de Mucho con Poco, Melisa Gorondy Novak, acompañada por la experiencia de Florencia Polimeni de Democracia en Red y Genaro Cuadros de Marca C y Asamblea Constituyente de Chile.

Esta y otras reflexiones fueron parte de los debates de tomar la calle que lograron salir de la dicotomía entre la idealización de las redes sociales como elemento transformador de las realidades y escenario principal de las prácticas de los movimientos sociales actuales, así como de la demonización de las mismas como herramientas de control y manipulación. Lo que se alcanzó fue entender que los contextos importan, y que para comprender ese relacionamiento hay que ahondar en la especificidad de los movimientos y la complejidad que a cada uno envuelve.

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Melisa Gorondy Novak

Melisa Gorondy Novak, Coordinadora de Mucho con Poco. Licenciada en Relaciones Internacionales de la Universidad Católica de Córdoba. M.A. del Global Studies Programme de Albert-Ludwigs-University, FLACSO Argentina y Jawaharlal Nehru University. Becaria del DAAD. Mantiene su interés en los movimientos sociales y el activismo político. Profesora de Economía Política Internacional de la UCC, especializada en estudios de pobreza, desigualdad y crisis internacional. Melisa es una apasionada por el arte y las expresiones callejeras con sentido político.

Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

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