
País emergente con educación decreciente .
Por Viviane Avelar*
Es indiscutible que la educación es la base para la formación del ciudadano y que la evolución de un país tiene como punto de partida una educación de calidad. En ese contexto, debemos tener en cuenta que el proceso de expansión de la educación en Brasil empezó a desarrollarse a partir de 1824 con la primera constitución que garantizaba “instrucción primaria y gratuita para todos los ciudadanos”.
La inspiración iluminista estuvo presente en la cultura jurídica, manifestándose en las posteriores Constituciones brasileras. Sin embargo la implementación de una escuela de calidad para todos ha avanzado lentamente a lo largo de la historia brasilera y hasta hoy no ha logrado el resultado esperado.
En aquella época la responsabilidad por la educación primaria y secundaria fue delegada a las Provincias y el Gobierno imperial se responsabilizó por la educación de las elites. Actualmente la responsabilidad por la educación en Brasil se divide entre el Gobierno Federal que se ocupa fundamentalmente de la educación universitaria, pero ejerce una función redistributiva de recursos para los demás niveles. El Gobierno Provincial encargado de la educación primaria y secundaria y el Municipal, también responsable por la educación primaria. Otro sector que tiene gran participación en la educación nacional es el privado que hoy es considerado parte de la realidad de muchas escuelas brasileras.
Durante las últimas décadas la educación en Brasil ha pasado por varias transformaciones a través de proyectos gubernamentales que visan ampliar el número de personas que tienen acceso a la escuela. Sin embargo dichos proyectos de mejoría en la educación nacional de los últimos años no ha alcanzado a todos los ciudadanos y las transformaciones sufridas, si bien han sido muchas, no han sido suficientes para poner el país en un nivel educacional necesario y satisfactorio desde el punto de vista de calidad. La política educacional de Brasil todavía no ha sido capaz de garantizar igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos.
De los 127 países evaluados por la Unesco en 2011 Brasil se posicionó en el ranking 88º en educación, quedando detrás de Argentina, Chile, Ecuador y Bolivia. Conjuntamente algunos datos del último censo (2010) muestran que Brasil tiene cerca de 14 millones de personas analfabetas con 15 años o más. Por otro lado, los cuatro millones de niños entre 4 y 17 años que no están matriculados en escuelas primarias o secundarias muestra que todavía hay mucho que hacer para que el país llegue a cumplir con la universalización de la educación. Los números evidencian que Brasil necesita desarrollar y cumplir con una política que garantice el acceso a la educación y de igual forma sea eficaz en mantener los alumnos en las escuelas. Es alarmante el alto índice de abandono en los primeros años de educación, lo que corrobora la fragilidad del sistema educacional brasilero. Otro índice preocupante es el de desaprobación en las escuelas públicas del país. El censo muestra que el porcentual de alumnos reprobados es de 9,9% en la primaria y de 12,7% en la secundaria. Esos números hacen con que Brasil se posicione con el más elevado índice de reprobación escolar de Latinoamérica.
En los últimos años Brasil ha crecido económicamente y ha llegado a transformarse en una de las grandes economías mundiales, pero esa evolución económica no ha ayudado al país a superar sus debilidades en la educación. El proyecto de desarrollo económico de Brasil todavía no trata la educación como una prioridad. Todavía son muchos los problemas presentes en la educación brasilera, a ejemplo podemos mencionar la precariedad de las escuelas públicas, principalmente en las regiones menos favorecidas del país, los bajos salarios de los profesores y el bajo número de horas dedicadas a la asistencia escolar. Todos esos problemas en la estructura educacional brasilera llevan a resultados negativos como niños que salen de la primaria sin tener el dominio de la lectura y que tampoco pueden escribir correctamente.
En septiembre de 2006, un grupo de empresarios y políticos, firmó junto a los medios de comunicación un compromiso denominado Todos Por la Educación. La firma del compromiso implicó la definición de metas a ser alcanzadas hasta 2022, año del bicentenario de la Independencia de Brasil. Dichas metas afirman que todo ciudadano con edad entre 7 y 17 años deberá asistir a la escuela, todo ciudadano con edad de 8 años deberá dominar la lectura, los alumnos deberán tener acceso a todos los contenidos correspondientes a su grado y todos los alumnos deberán concluir sus estudios. Aunque ese y otros proyectos tengan la intención de mejorar el campo de la educación todavía falta transformar esas intenciones en acciones más efectivas.
Para que un país mantenga su progreso es de fundamental importancia que la educación brindada a su población sea de calidad en todos los niveles. Sin embargo los problemas estructurales de la educación primaria y secundaria en Brasil hacen con que la educación universitaria también presente alto grado de insatisfacción. Si bien durante los últimos años el número de personas que ingresan en las universidades brasileras y completan una carrera universitaria ha aumentado considerablemente, es cuestionable si la cantidad trae también calidad.
El resultado de una investigación realizada por el IBOPE a fines de 2011 reveló que una gran cantidad de personas con carreras universitarias concluidas o que siguen cursando en las universidades no son completamente alfabetizadas además de presentar varias dificultades en desempeñar actividades para las cuales teóricamente fueron preparadas. Solo son capaces de leer y entender textos de mediana extensión o complejidad y por otro lado presentan dificultades para expresar sus conocimientos en materias que supuestamente fueron estudiadas en la primaria o en la secundaria. ¿No será eso demasiado vergonzoso que un país con tanta riqueza y con tanto potencial no pueda brindar educación de calidad a sus ciudadanos? ¿Donde estará la falla?
Podemos decir que las causas de esa triste realidad son diversas. Por un lado está la proliferación de cursos universitarios sin ninguna estructura pedagógica y por otro la falta de compromiso en mejorar la calidad de la educación primaria y secundaria. La educación es un tema fundamental para el desarrollo de una nación y debe ser tratada con mucha más seriedad por parte de los gobernantes y autoridades del área. Permitir que se proliferen tantas universidades sin imponer fiscalización rigurosa de la calidad de los cursos ofrecidos por dichas instituciones y por otro lado no invertir más en la calidad de la educación primaria y secundaria de las escuelas públicas no ayudará al desarrollo de la nación sino que seguirá dando espacio para la desigualdad social existente en el país.
*Viviane es Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad del Salvador
22-02-2012 12:02:58